domingo, 9 de febrero de 2014

31- Diferente

Pablo llegó a casa y se dejó caer en el sofá. Suspiró bien fuerte.

<<Joder>>, pensó, <<vaya día>>.

Recordó el beso que le dio a Marta. Ella se puso nerviosa, pero se le notaba en los ojos que le había gustado. Lo sabía.

<<Que tierna>>.

Pablo se quedó en silencio. Necesitaba hablar de eso, sentir que alguien le decía que había hecho bien, así que llamó a Jesús, ya que él era más experto en eso que Álex, el cual besaba a una chica y tan tranquilo que se quedaba. Pablo le pidió a Jesús verse, así que en diez minutos Jesús estaba en la puerta de casa de Pablo, esperando a que le abriera.

Pablo lo invitó a entrar y ambos se sentaron en el sofá.

-Y bien, ¿qué es eso tan urgente que me tienes que contar?- preguntó el moreno.

-¿Te acuerdas de Marta, la hermana de Manu?- Jesús asintió-. Hoy la he visto. Y la he besado.

******
 
 
Marta llegó a casa y fue directamente a la cocina a por un vaso de agua. Repasó mentalmente la cosa. Se perdió, Pablo la ayudó, y la besó. Probablemente lo que más le gustaba de la historia era lo tercero. No se lo creía. Un chico como Pablo besando a una chica como ella. Debió ser un impulso de Pablo, simplemente eso. No había otra explicación. Que manía tenían los chicos de besarla cuando menos se lo esperaba. Marta empezó a darle vueltas a la cabeza. No quería ser una chica más en la larga lista de Pablo. No quería salir herida, otra vez. ¡Pero que dice! ¡Un chico como Pablo jamás se plantearía algo con ella! Lo máximo a lo que aspiraba ella era a acostarse con él y no volver a verlo jamás. ¿O no?
 
******
 
Julio estaba viendo una película tumbado en el sofá de su casa. Estaba con unos pantalones del mercadillo y con el torso desnudo. Era una de las películas ñoñas que le gustaban a ella, con las que siempre acababa llorando. Si es que era muy sensible, lloraba por casi todo, aunque era bastante fuerte...
 
Llegó el viernes y con él el optimismo entre los adolescentes. Marta había estado hablando durante aquella semana con Alba, una chica dos años mayor que ella, con la que se llevaba muy bien desde hacía algunos años. Esa tarde, Alba le propuso a Marta quedar para ir de compras. Marta le había contado TODO lo de Julio, por lo que ella quiso animar a la chica que para ella era su hermana pequeña.
 
Las dos chicas estaban de paseo por la alameda tras haber hecho algunas compras. El día era muy agradable, por lo que mucha gente quería ir a pasear.
 
-Así que Julio te besó unas siete veces, ¿no?- resumió Alba contando con los dedos.
 
-Sí, y es que... Puf- dijo Marta.
 
-¿Te has dado cuenta de que cuando hablas de él pones cara de tontita?- se burló Alba desde el cariño.
 
-No, y aunque lo hiciera, ¿tan malo sería?
 
-Eso quiere decir que te gusta, aunque sea un poquito- dijo Alba triunfante-. Y Martita, sí lo haces.
 
Marta suspiró. Julio era demasiado Julio, y aunque no lo quisiera admitir, la volvía loca.
 
-A ver, ¿tú quieres ver a Julio?- preguntó Alba sonriente.
 
-¡No! Que vergüenza...
 
-Eso es que sí. Ya nos lo encontraremos. Él y sus amigos suelen estar por aquí, ya sabes como son- dijo Alba-. ¿Dónde decías que suelen estar?
 
-Arriba, pero no creo que sea buena idea...
 
Marta no pudo terminar.
 
<<Vaya, que novedad>>.
 
Alba ya estaba mirando hacia el lugar, y sonrió al distinguir entre tanto negro unos bonitos ojos azules.
 
-Ahí está tu novio- dijo señalando disimuladamente.
 
-¡Que no es mi novio!
 
-Sois unos románticos- siguió Alba.
 
-Que va a ser él romántico.
 
-Pues a mí eso de que te llevara con él después de darle a Jacobo la paliza de su vida, escaparos juntos, me suena a película- se rió ella.
 
-Hoy es tu día, eh- se burló Marta.
 
-Sí, lo sé. Ah, y por cierto, Julio te acaba de ver.
 
-¿Qué?
 
-¿No ves como sonríe mirando para aquí? Ojalá peguen ahora a alguien y os escapéis juntos- siguió burlándose Alba-. Y yo mientras tanto, como buena cuñada, me hago amiga de sus amigos.
 
-¡Alba, para ya!- exclamó Marta. Ella también iba a reír y no quería reírse con las historias de su amiga de ella y Julio, pero no iba a darle el placer.

Marta y Alba siguieron conversando.

-Ve a decirle algo a Julio, tía- dijo Alba-. No para de mirarte.

-Ni de coña, que venga él.

-Bueno, déjalo- dijo Alba-. Mira, ahí está Jacobo. Viene hacia aquí.

-Ah, sí, Jacobo- dijo Marta sin darle importancia. De repente, abrió los ojos como platos-. ¡¿Jacobo?!

-Sí, ¿qué pasa?- preguntó Alba.

-Julio pegó a Jacobo- respondió Marta.

-Me da que Julio ya vio a Jacobo- dijo Alba-. Se acaba de levantar.

Julio estaba hablando con Lucas y Gabriel. Ese día solo estaban ellos tres, y miraron de reojo a Jacobo. Sus caras no eran muy agradables, y la verdad es que daban algo de miedo. Jacobo iba acompañado de tres chicos más y miraron a los tres chicos que los miraban desde arriba. Subieron, pasando al lado de Marta y Alba, y llegaron junto a ellos.

-Hombre- dijo Jacobo, "sorprendido".

-¿Qué quieres?- preguntó Julio. Sus puños se estaban tensando.

-Resolver algunas cosas- respondió Jacobo-. Os debo una.

Julio iba a contestar, pero ya tenía a Jacobo encima. Jacobo estaba intentando devolverle todos y cada uno de los golpes que le había dado. Gabriel iba a defender a su amigo, pero uno de los acompañantes de Jacobo se lo impidió lanzándosele encima. Hicieron lo mismo con Lucas, mientras que el acompañante restante, el otro chico al que Julio le había dado, le dio también golpes a Julio.

Marta y Alba miraban horrorizadas la escena. Julio recibía golpes, pero también los daba, al igual que sus amigos. Sin pensarlo, Marta corrió hacia ellos, con las lágrimas llegándole a los ojos. Alba corrió tras ella. Julio se estaba empezando a levantar y a plantarle cara a los dos chicos que iban a por él.

-Dos contra uno es muy cobarde, incluso para ti- murmuró Julio, y luego le propinó un puñetazo en la cara a Jacobo.

Marta fue hacia el segundo chico que golpeaba a Julio y le sujetó los brazos, intentando pararlo.

-¡Para, Dios!

-No te metas, puedes salir mal- dijo el chico apartando a Marta.

-No, le estáis haciendo daño- dijo Marta con las lágrimas asomando.

-Es el daño que hizo él- intentó convencerle el joven.

Aprovechando que Marta le había quitado uno de encima, Julio se levantó y se puso a la altura de Jacobo. Marta miró, y vio a Jacobo dándole a Julio, haciendo que él se enfadara y le diera lo más fuerte que pudo. Marta empujó al chico y corrió hacia Julio. Agarró a Jacobo, lo apartó y se puso delante de Julio. En sus ojos habían llamas de odio, y su respiración era agitada.

-Julio, parad- dijo Marta llorando.

A Julio le sangraban la nariz y la ceja, al igual que a Jacobo, y tenía rasguños por todo el cuerpo. Aprovechando que Julio estaba distraído con Marta, Jacobo intentó darle un puñetazo, pero Julio le dio a él uno, tumbándolo en el suelo. Por su parte, Gabriel había conseguido tumbar al que le pegaba a él y hacía lo que podía con el de Lucas. Si es que le había tocado el más grande. Al ver a Jacobo que no podía moverse, Julio se giró hacia sus amigos y por detrás, le dio al desconocido lo más fuerte que pudo, haciendo que éste cayera al suelo retorciéndose de dolor.

-Vámonos- dijo Julio. Estaba enfadado, muy enfadado, y daba verdadero miedo. Se giró hacia Marta y le agarró la muñeca tirando de ella hacia él. Miró a Alba y le hizo un gesto para que los siguiera. Los cinco se fueron rápido y subieron hasta la cima de la alameda. Allí, guiadas por los chicos, se metieron entre unas rocas, llegando a un pequeño claro. Gabriel se apoyó en una roca y se dejó caer hasta que cayó sentado. Lucas lo imitó, y Alba se apoyó en una roca.

Julio tenía la muñeca de Marta apretada, y la soltó poco a poco. Sus manos temblaban. Su respiración era agitada, al igual que la de ella.

-Que hijos de puta- murmuró Gabriel.

-Se llevaron lo que se merecían- dijo Julio. Su enfado seguía presente, muy presente-. En cuanto pare de sangrar me largo.

Los otros dos chicos asintieron, y Julio miró a Marta. Su mirada se suavizó. Luego, se sentó en el suelo, y tras dudar un momento, ella se sentó a su lado.

Los chicos pararon de sangran enseguida y decidieron marcharse, ya se verían al día siguiente. Lucas y Julio intercambiaron una mirada, y enseguida se entendieron. Lucas se dirigió a Alba, y le preguntó:

-¿Quieres que te lleve a casa?

Alba entendió perfectamente de que iba la cosa y aceptó. Lucas y Alba se marcharon, y Gabriel también. De nuevo, solo quedaron Marta y Julio.

-¿Estás bien?- preguntó Marta.

-Tengo heridas, nada más- le quitó importancia él-. ¿Tú?

-Sí.

-Bien. Vamos, te llevo a casa- dijo él.

-A casa no- dijo ella. Él se giro y la miró-. Están mis padres y se extrañarían si me ven volver tan pronto. Ellos se marchan a las ocho a Zaragoza con mi hermano, pero mientras...

-Ya entendí- la cortó Julio aguantando una sonrisa-. Ven conmigo.

Julio salió de aquel claro seguido por Marta. Bajaron por toda la alameda y salieron de ella. Llegaron a un lugar donde había aparcadas una fila de motos.

-Sube- ordenó él.

Esta vez ella no dijo que no. Se agarró con cuidado por si le hacía daño en alguna herida. Él arrancó enseguida y empezó a conducir por las calles de la ciudad, en dirección a donde sólo él sabía.
 
 ******
 
-¿Eso no es bueno?- preguntó Jesús.
 
-Sí, pero no- respondió Pablo-. Bueno porque sí, la besé, malo por como va a reaccionar ella, no sé si me entiendes.
 
-Sí, pero creo que no deberías preocuparte, tú sé tú- dijo Jesús-. Y ya estará todo hecho.
 
-Eso espero.
 
-¿Pero por qué te importa tanto?
 
-No lo sé... Es que ella es...
 
-¿Es?- lo alentó Jesús.
 
-Diferente, y eso, es muy bueno.


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