viernes, 7 de febrero de 2014

26- Más bonita que ninguna

Marta se encontraba en su habitación, tumbada sobre la cama, ya con el pijama puesto. No había mirado el móvil desde que llegó a casa, y poca falta le hacía. Había pasado sin cenar, ya que no tenía nada de hambre. Su madre se extrañó, pero al verla así decidió no preguntar. Suspiró, y decidió ser fuerte. Cogió su teléfono y vio ocho llamadas perdidas (cuatro de Paula, dos de Nuria y dos de Isa), 234 mensajes de 6 conversaciones y varias menciones de Twitter.

<<Estoy cagada>>, pensó ella.

Fue a ver los mensajes. Eran de sus amigas, entre ellas Iria, y el grupo que compartían las 6. Paula le preguntaba qué tal estaba, y que le había dicho a Julio, y que ella tenía razón y blablablá. Nuria, Alicia e Isa le preguntaban, y en el medio había algún insulto, e Iria la insultaba, la llamaba falsa, tanto por privado como por el grupo. Eso le bajó un poco la moral a Marta, que, entre lágrimas, se fue a dormir.

Al día siguiente por la tarde, mientras Marta se preparaba, Manu intentó hablar con ella, pero Marta simplemente evitaba sus preguntas. A las cinco recibió un mensaje de Julio que decía que estaba en la calle de al lado. Ella le dijo que la esperara ahí, y tras despedirse de sus padres, contándoles que había quedado con sus amigas, salió a la calle en busca de Julio. Al llegar junto a él, éste sonrió. Hoy, como siempre, iba guapísima. Llevaba unos pantalones claros y la misma blusa que llevaba el día que él habló con ella por primera vez.

-Estás muy bien- le dijo.

-Gracias- dijo ella sonriente.

-¿Quieres bajar al centro y te tomas un helado? Te ayudan a animarte- propuso Julio.

-La verdad es que me apetece, aunque no sé... Van a estar ellas y...

-¿Cómo lo sabes?

-Ayer me acosaron a mensajes y llamadas, y en el grupo Iria me puso verde y dijo que quedaran, sin mí- respondió Marta.

-Necesitas más autoridad con ellas- dijo Julio-. Dile tú algo a ella, no tiene ningún derecho a rajar de ti.

-Ya, pero bueno...

-Y si las ves da igual, estás conmigo, no te van a decir nada- la convenció Julio.

-Está bien, vamos al centro- dijo Marta.

Julio sonrió y empezaron a caminar. Durante el camino, Marta le iba contando a Julio los mensajes que sus "amigas" le mandaban. Era raro, Marta se lo contaba a Julio, y sin embargo a Manu no, al cual le contaba casi todo. En el centro no había mucha gente, y los dos se dirigieron al llaollao.

-¿Y tus amigos que?- preguntó Marta.

-Pues quedaron con chicas, y el resto, bueno, ya te lo imaginas.- Julio esbozó una sonrisa burlona, y se puso a la cola junto a Marta.

Marta sabía perfectamente a que se refería. Cuando llegó su turno, Julio pidió un helado de chocolate con Lacasitos por encima. Marta miró entre lo que había en el mostrador. Se decidió por uno natural con chocolate y fresas. Los dos salieron, y empezaron a vagar por las calles. Al acabar, se sentaron en un banco, cerca de la alameda. Estaban en silencio, hasta que Marta lo rompió con una pregunta que Julio no se esperaba para nada.

-¿Lo de ponerle los cuernos a Iria fue aposta o surgió?

Julio la miró. Ella lo miraba a él. Julio dudó un momento qué responder, pero al final decidió decir la verdad.

-Fue aposta.

-¿Por qué?

-Iria es aburrida. Era todo el tiempo lo mismo- respondió Julio.

-Ya, nosotras con ella siempre hacemos lo mismo, y la verdad es que hay días que te apetece cambiar- dijo Marta.

-¿Qué soléis hacer?- preguntó Julio.

-Pues compras, y luego vamos a tomar un helado a la alameda, y allí siempre nos encontramos a alguien- respondió Marta.

Julio miró el reloj, y luego le dijo a Marta:

-Vamos a la alameda, que sepan que no te afecta.

Marta lo miró y dudó. Dudó bastante. No quería que sus amigas la vieran, y menos con Julio. Podía ocasionarle nuevos problemas.

-Te repito, que te tiene que importar una mierda lo que piensen- dijo Julio.

Eso ayudó a convencer a Marta. Los dos se levantaron y se dirigieron a la alameda. Marta no estaba muy segura de eso, pero sabía que Julio la acabaría arrastrando. Llegaron. Por suerte, Marta no vio a nadie. Julio y ella se apoyaron sobre una barra que separaba un estanque y el parque. Julio paseó su mirada por el sitio, hasta que, un poco escondidos entre los árboles, vio los ojos de Iria que los miraban fijamente. Julio sonrió divertido. Esperaba pasárselo bien. Miró a Marta, que a su vez miraba hacia otro lado, y le dio un golpecito en el brazo, haciendo que ella se girara.

-No mires, pero nos están mirando.

-¿Dónde?

-Arriba, si eso mira disimuladamente.

Marta paseó su mirada por donde Julio le dijo y vio los ojos marrones de Iria, que la miraban asesinos.

-Que bien me mira- ironizó.

-Ya ves tú que amiga tienes- dijo Julio.

-La conozco, y va a venir aquí, a ver por qué estoy en la calle, que soy una falsa y esas cosas.

-Yo sé que tú no eres una falsa- dijo Julio sin pensar.

Marta sonrió un poco, apenas se notó, y Julio desvió su mirada al suelo.

Lo que dijo Marta se cumplió. Al minuto, Iria ya bajaba acompañada de Nuria en dirección a ellos.

-Prepárate- dijo Julio en voz baja-. La que nos va a caer.

Marta iba a darle la razón, pero no tuvo tiempo, porque Iria ya estaba delante de ellos.

-¿Pero a ti no te llegó con lo de ayer que ahora estás aquí?- le dijo Iria a Marta enfadada-. Menuda amiga.

-Hablas tú de amigas- intervino Julio. En una discusión, no era capaz de callarse y quedarse al margen, tenía que participar, y ganar.

-Tú cállate-intervino Nuria-. No va contigo.

-¿Y tú quien eres?- preguntó despectivo Julio.

Nuria iba a contestar, pero Iria se adelantó:

-Se llama Nuria, y tú no tienes derecho a hablar así a nadie.

-Tengo derecho a hablar como me salga de los huevos y...

-¡Parad!- interrumpió Marta. Todos la miraron-. Parecéis niños pequeños, en serio. A ver Iria, si tan puta soy y tan cabrón es él, ¿a ti que te importa que estemos aquí? No te afecta en absoluto.

Iria iba a responder, pero se quedó sin ideas para replicar aquello, dijera lo que dijera, no quedaría bien, así que se limitó a mirarlos mal a los dos y a decir:

-Que sepas que tú y yo no volveremos a ser amigas. Nunca.

-De lo que se libra- comentó Julio burlón.

-¡Calla gilipollas!- Y dicho esto, Iria se giró y tiró de Nuria hacia ella, yéndose las dos de nuevo con el resto de sus amigas.

-Dijiste que no vendrían- dijo Marta.

Julio se encogió de hombros y sonrió. Sabía que los estaban mirando, y le hacía gracia. Siempre le gustaba ver como sus ex lo observaban cada vez que se las encontraba.

Julio y Marta pasaron un rato hablando. Marta le contaba a Julio todo lo que Iria decía de él, ya que éste preguntaba, y viceversa. La conversación dio para rato. Julio y Marta vieron a Iria marcharse, seguida de todas sus amigas, sabe Dios donde, sin saber si reír o no. Iba estirada, prácticamente mirando al cielo, con cara de indignada total. A Julio le hizo gracia y se río, contagiando a Marta.

-Que puta pringada.

Marta sonrió ante el comentario. Estaba claro que Julio sí decía lo que pensaba. Las chicas se marcharon, y ya habían dado las ocho de la tarde. Julio se colocó el pelo con un movimiento de pelo y dijo:

-¿Nos movemos?

-Claro.

Julio y ella comenzaron a caminar.

-¿Donde quieres ir?- preguntó Julio.

-Me da igual, aunque a un sitio no muy frío, que empieza a hacer frío.

Julio la miró mientras caminaban. Marta era muy guapa. Desde el primer momento en que la vio lo pensó. Durante ese tiempo se dio cuenta de que era inocente, pero tenía una mala leche que no podía con ella. Sintió ternura hacia ella. No era como las demás. Todas caían a sus pies nada más verlo, y hacían todo lo que él decía, pero ella no. Ella le contradecía y lo insultaba. Y ahora estaba con él, caminando sabe Dios a donde. Ahora que lo pensaba, era afortunado. Ella seguramente tenía a más de uno detrás, y alguno no sería precisamente feo.

Caminando llegaron a un mirador que había subiendo una colina tras un parque. Desde allí se veían los tejados de las casas, y la preciosa puesta de sol. Decidieron quedarse allí. Se sentaron y contemplaron la vista. Julio volvió a mirar a Marta. La luz del sol hacía sus ojos aún más verdes, lo que la hacían a ella más guapa todavía. Incluso su pelo parecía más rubio. Sus hombros estaban separados a pocos centímetros, distancia que él, disimuladamente, redujo. Ella pensaba en lo bonito que era todo, e iba a decirlo. Giró su cabeza hacia él para decírselo.

-¿No crees que esto es pre...?

No pudo terminar la frase. Julio acababa de chocar sus labios con los suyos. Ella estaba sorprendida, pero le siguió el beso. Era un beso apasionado, como si se necesitasen el uno al otro. Ella entreabrió un poco la boca, por donde él coló su lengua. Ambos empezaron un juego de lenguas, mientras la barriga de ambos se llenaba de mariposas. El beso duró unos dos minutos, y cuando se separaron, sus ojos verdes y sus ojos azules conectaron.

-Más bonita que ninguna...- susurró él

Ella solo sonrió sin enseñar los dientes. Le brillaban los ojos. Con la luz del sol dándole por su perfil derecho estaba más bonita que nunca, más bonita que ninguna... Y los dos volvieron a juntar sus labios, mientras el sol desaparecía por el horizonte.

******

Eran las doce de la noche. Pablo se iba a ir a dormir, ya que el día había sido agotador. Estaba con su pantalón de cuadros, sin camiseta. Siempre dormía así, la camiseta le resultaba incómoda. Se metió en la cama, y cerró los ojos. Las imágenes de ese día se paseaban por su cabeza, pero la que más veces se repetía, la de ella aplaudiendo con una sonrisa su gol...

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