domingo, 20 de octubre de 2013

11- Only know your lover when you let her go

I don't care, I love it! I don't care, I love it!

Parecía que la casa se iba a caer de lo alta que estaba la música. Paula y Nati bailaban en una esquina, riéndose.

Cuando la canción terminó, se fueron a una esquina y entre risas, empezaron a hablar. Pasados unos minutos, Paula dijo que se iba al baño, y dejó a Nati sola.

Julio vio su oportunidad desde el otro lado de la sala. Se acercó a Nati y la saludó con una sonrisa. Nati miró sus increíbles ojos azules, y lo saludó con otra sonrisa. Julio empezó como hacía siempre, coqueteando, así hasta que consideró que la tuvo prácticamente en el bote. Se acercó a su oído y le susurró algo.

-Si quieres subimos y nos conocemos algo mejor.

Nati sonrió ante la idea, y aceptó la propuesta. Julio le agarró la mano y juntos se dirigieron a las escaleras. Entraron en una habitación y cerraron la puerta tras ellos.

Empezaron los besos, que poco a poco se fueron convirtiendo en morreos. Las manos de Julio no perdieron el tiempo, y sus dos manos se posaron sobre las nalgas de la chica. Subieron de tono y ambos cayeron sobre la cama. Nati empezó a desabrochar la camisa de Julio, y él a desabrochar su vestido. La camisa voló hacia un lado, y el vestido se fue bajando poco a poco, hasta desprenderse de él. Julio pasó directamente al sujetador. Mientras le besaba el pecho fue al cierre del sujetador y, oh no, malditos recuerdos. Ese cierre que en su día no supo abrir, que ella le tuvo que enseñar. La respiración agitada de Nati lo sacó de sus pensamientos. Desabrochó el sujetador y se deshizo de él. Empezó a besar el pecho desnudo de Nati, que empezó a desabrochar los pantalones de Julio. En un minuto estuvieron abajo. Entonces Julio pasó al tanga. Pero no pudo seguir. Esa tela... Esa forma... Se separó de golpe de la chica y se vistió corriendo, para luego abandonar la habitación, dejando a Nati extrañada, solamente vestida con un tanga.

Julio bajó las escaleras corriendo. Lucas lo vio, y se acercó a preguntarle qué tal. Pero Julio no hizo caso. Salió corriendo de la casa, con Lucas detrás. Del bolsillo se sacó un paquete de cigarrillos. Encendió uno y dio una fuerte calada. Ya algo más relajado.

-¡Julio!- exclamó Lucas al verlo-. ¿Qué ha pasado?

-No lo sé- respondió Julio, dando otra calada-. Estuve a punto, pero los recuerdos me invadieron.

-¿Otra vez? Julio, no puedes seguir así- dijo Lucas-. Ahora ella te limita a todo. Por ella vuelves a ser putón, por ella fumas, y tienes que superarlo ya.

-Es difícil. Sobre todo sabiendo que todo esto está así porque soy un gilipollas. Un puto gilipollas.

******
 

-Bueno, no seré simpático, pero estoy de puta madre, ¿o no?

-En las revistas dicen que eres humilde- picó también Marta.

-También dicen que Álex es guapo. Ya ves, mienten- dijo Pablo sonriente.

-Y fuiste a hablar tú- replicó Marta, sin desaparecer una pequeña sonrisa.

-Claro, el guapo.

-Guapísimo, una cosa loca.

-¿Ves? Si hasta lo admites.

-Vete a la mierda.

-Luego, si eso.

Pablo y Marta discutían, pero sin desaparecer la sonrisa de ambos, la del chico más grande que la de la chica.

-Creído- dijo Marta.

-Gracias. ¿Vendrás mañana al partido, no?

-No tengo ni entradas- respondió Marta.

-Te las consigo yo, si ese es el problema. También va tu hermano.- Pablo dio otro trago a su cerveza.

-Si me las consigues yo voy- dijo Marta, moviendo un poco su vaso para ver cuanto quedaba-. A mí me gusta mucho el fútbol.

-Pues eres de las pocas que conozco a las que les gusta.

-Lo sé, me lo suelen decir.

-Ahora como me digas que juegas a la Play me río- dijo Pablo.

-Pues empieza a reírte, porque siempre juego con mi hermano. Y que conste que muchas veces gano.

Pablo rió un poco. Lo tenía todo. Y le gustaba. Así que, ¿por qué no intentar algo con ella? Pero al estilo Pablo Hernández.

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Paula vio a Nati bajar corriendo las escaleras y fue a su encuentro.

-¡Nati! ¿Qué ha pasado?

-Ni yo lo sé- respondió ésta-. Estaba con Julio, a punto de hacerlo, cuando salió corriendo, sin decir absolutamente nada.

Paula se quedó en silencio. Antes vio a Julio salir de la casa con Lucas detrás.

-Julio salió, yo lo vi- dijo al fin-. Pero yo tampoco me imagino por qué.

-Yo tampoco, ¡con lo bien que estábamos!- exclamó Nati disgustada.

-Nati, será mejor que vayas y tomes algo de agua- sugirió Paula-. Luego si eso ve al baño y lávate la cara.

Nati asintió e hizo lo que su amiga acababa de sugerir. Paula se giró y fue a sentarse en un sofá. Se paró a pensar qué había pasado, y todas sus teorías llevaban al mismo sitio, mejor dicho, a la misma persona.

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Última conexión hoy a las 20:54
 
Elena miraba sin parar el perfil de Álex en su WhatsApp. Miró como veinte veces su foto de perfil. La volvió a mirar. Ahí salía Álex con Pablo y Jesús, los tres sonrientes, sujetando la Supercopa de España. Pero qué guapo salía en esa foto... ¿Lo llama? ¡Noo! Seguramente esté con sus amigos o con otra chica. No quiere ser molesta. Ya lo verá algún día. A ver si él se acuerda de ella...
 
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Clara y Carmen bailaban con Gerardo y Álvaro, mientras hablaban de cosas, con lo que iban conociéndose mejor. Cuando ya dieron por finalizada la sesión de baile, salieron de la pista e intercambiaron sus números de teléfono, y acto seguido se despidieron.
 
-No estaban mal, ¿eh?- comentó Carmen.
 
-Pues no- le dio la razón Clara-. Marta no sabe lo que se pierde.
 
-Em... Clara...- interrumpió Carmen-. Yo creo que las que no saben lo que se pierden somos nosotras.
 
Clara miró en la dirección en la que miraba Carmen y vio que tenía razón. Vio a Marta hablando con el "futbolista cachondo".

 
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Well you only need the light when it's burning low,
Only miss the sun when it's starts to snow,
Only know your lover when you let her go,
Only know you’ve been high when you’re feeling low,
Only hate the road when you’re missin’ home,
Only know your lover when you’ve let her go,
And you let her go .

Cris no paraba de escuchar su canción favorita, esa que tantas veces había escuchado con su mejor amiga, de la cual hacía mucho que no sabía. No sabe por qué. Solo sabe que echa mucho de menos a Elena.

viernes, 18 de octubre de 2013

10- Hacen buena pareja, ¿eh?

Marta, Carmen y Clara llegaron a la discoteca. Gente entraba y salía sin parar. Se acercaron a la entrada y pagaron. Ya dentro. Aquello tenía un ambiente que invitaba a la diversión por la puerta grande. Se dirigieron a la barra, donde cada una pidió una bebida sin alcohol. Ya con ellas fueron a una esquina y hablaron, para luego meterse en la pista a bailar.

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Sara y María se sentaron en un banco, agotadas de la caminata de esa tarde. Habían visitado todo el centro, la Sagrada Familia, habían visto todos los recintos importantes... Vamos, que la visita guiada de Sara no se quedó corta.
 
-Vaya caminata, ¿eh?- comentó Sara.
 
-Sí, yo estoy agotada- añadió María, la cual había perdido casi del todo la timidez.
 
-Es que será llegar a casa y dormir a pierna suelta- bromeó Sara.
 
-Yo no creo que llegue a casa sin quedarme dormida- rió María.
 
Sara rió. Aquella chica le caía bien. Su físico no importaba, había aprendido a que no lo hiciera, ya que ella se sintió muy mal con ella misma en el pasado y gracias a la gente que la quería lo superó.

-Tú por lo menos sabes donde vives- rió Sara.

-Bueno, si quieres te acompaño.

-¿Y luego dejar que te vayas sola un sábado por la noche? Me sentiría un poco mal.

-Tranquila, no me pasará nada, y si quieres te aviso cuando llegue para que sepas que estás bien- la tranquilizó María.

-Vale, es que me preocupo por ti.

María sintió como por dentro se llenaba, como si ese vacío que la invadía hace tan solo unas horas se hubiera llenado de repente.

-Muchas gracias. Te avisaré.

Y, dicho esto, echaron a andar a la residencia de estudiantes donde Sara se alojaba.
 
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-Vaya ambiente hay hoy- dijo Álex al ver la discoteca.

-Es que los universitarios ya llegaron- dijo Jesús.

-Se nota.

Los tres fueron a la barra. Cerveza con alcohol para cada uno. Luego, fueron a su esquina habitual, donde se ponían siempre a observar el panorama y mirar si algo merecía la pena.

-¿Veis algo bueno?- preguntó Álex, que siempre era el más aplicado en eso.

-Algo bueno sí, solo que ya te tiraste a todas- rió Jesús dando un trago a su cerveza.

-Ja, ja, muy gracioso- ironizó Álex, quien dio un trago a su bebida y contempló la pista de baile.

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-Puf, una lenta- dijo Clara al escuchar el nuevo tema que sonaba en el local.

-Sí, vamos a un lado, ahora van las parejitas- dijo Carmen.

Las tres chicas se fueron a un lado y volvieron a pedir una bebida, también sin alcohol. Entre risas, hablaban, mientras se bebían su bebida.

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Con la cabeza apoyada sobre la columna, Pablo contemplaba la discoteca. Ahora solo parejas bailando una lenta. Recorrió todo con la mirada. Vio algunas caras conocidas, la de Álvaro, la de Gerardo, la de Alba, la de Marina, la de Sergio, la de Cristian, la de Marta, la de Laura... Espera. Devolvió su mirada donde antes se había detenido un segundo. ¿Marta? ¿Qué hace ella allí? Da igual. Sonrió al verla, y bebió de su cerveza. Estaba sonriendo, preciosa. Puede hablar con ella. O no. Está con sus amigas, mejor sola. Esperaría, y mientras tanto, no la perdería de vista.
 
******
 

-Llegamos- dijo Sara, parándose delante de un gran edificio con muchas ventanas, la mayoría con las luces encendidas.

-Sí.

-Bueno, un placer conocerte- dijo Sara-. ¿Me das tu WhatsApp y seguimos en contacto?

-Claro- dijo María, y comenzó a recitar su número, el cual Sara apuntaba en su Samsung Galaxy Ace 2.

-Perfecto.- Sara pulsó el botón que guardaba el número-. Bueno, pues eso, adiós.

-Adiós.

Dudaron, pero al fin, se dieron dos besos, y las dos se separaron, Sara entrando en la residencia y María yendo a su casa, dejando las dos atrás a una nueva amiga.

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-Y entonces cogí y le dije: "mira chaval, deja ya de meterte con él porque aquí el único marginado eres tú. Vas de guay por la vida y no eres nada". ¡Y teníais que ver su cara! Se fue todo cabreado y no volvió a molestarnos.

Clara estaba contándoles a Marta y a Carmen una historia de cuando ella iba en el último curso de Secundaria. Las tres rieron, y siguieron conversando. En ese momento, dos tíos corpulentos, bastante guapos, se acercaron a ellas.

-Hola, chicas- saludó uno, rubio.

Las tres se miraron, y saludaron al mismo tiempo:

-Hola.

-¿Queréis bailar?

******

No, dos. Gerardo y Álvaro. Que las dejen en paz, caray. O por lo menos solo a una. La mirada de Pablo cambió, y miró fijamente a Gerardo, el que más cerca estaba de ella. Gerardo se dio cuenta, miró a Pablo, y con la mirada le preguntó que quería. Pablo le indicó mirando a Marta que a ella no le dijeran nada, las otras eran todas suyas. Gerardo le hizo saber que lo entendió. Menos mal. Ahora también era una nueva oportunidad para que Marta se quedara sola.

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-Claro- respondió Clara sin pensar. Le era una alegría que chicos guapos con buen cuerpo se le acercaran. No tenía mucha suerte en eso.

-Yo casi que me quedo aquí- dijo Marta-. No me apetece bailar.

-Vamoooos, lo pasaremos bien, mujer- insistió Clara.

-Que no, id vosotras- dijo Marta con una pequeña sonrisa.

-Bueno, si no quieres venir quédate- dijo Gerardo-. ¿Venís vosotras?

-Sí- dijeron las dos amigas a la vez.

Y los cuatro se adentraron en la pista, dejando a Marta sola, que, no dijo nada, pero vio el intercambio de miradas entre Gerardo y Pablo, y lo mejor para ella es que nadie se enteró.

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Llamaron al timbre y esperaron. El anfitrión fue a abrirles y las recibió con una sonrisa. Dos chicas más. Genial. Las invitó a pasar, y Paula y Nati entraron. El salón de la casa de Iván estaba hasta arriba de gente, y la música sonaba a todo volumen.

<<Pobres vecinos>>, pensó Paula, y sonrió al imaginarse a los vecinos del chico llamando a la puerta para quejarse.

-Cualquier cosa que necesitéis avisad- dijo Iván.

-Vale- dijeron las dos amigas a la vez.

Nati recorrió el lugar con la mirada, y encontró lo que buscaba. Se inclinó hacia su amiga, y señalando disimuladamente dijo:

-Mira, ahí están Lucas y Julio.

Paula miró en aquella dirección, y en su interior despertaron dos sensaciones diferentes. La primera felicidad, por ver al chico que tanto le gustaba, y la segunda odio, por ver que el que estaba a su lado era el que tanto daño le había hecho a su amiga.

-¿Les decimos algo?- preguntó Nati.

-No, esperamos un poco- respondió Paula.

En la otra punta de la sala, Julio bebía una cerveza bien fría al lado de su mejor amigo. Observaba el panorama. No había muchas chicas con las que no hubiera tenido algo, y la mayoría no le atraían. Entonces vio a Paula. Más recuerdos. En seguida los apartó de la cabeza y se fijó en su acompañante. No estaba mal. Podía intentarlo. Nunca la vio con Marta, entonces sus recuerdos no le amenazaban. Sí, probaría.

******
 
-¿Qué miras tan fijamente?
 

La pregunta de Jesús hizo que Pablo apartara la mirada de Marta un segundo. Justo se acababa de quedar sola y veía su oportunidad.

-Nada, pero os veo luego- respondió, desapoyándose de la pared y dejando a Jesús intrigado por saber a dónde iba.

Pablo dio un trago a su cerveza y caminó por la discoteca sin perder de vista a Marta. Llegó junto a ella y...

-Hola.

Marta levantó la cabeza y delante de ella se encontró a Pablo, con la misma sonrisa que esa mañana. No era bueno que sonriera así.

-Hola.

-¿Te acuerdas de mí, no?

<<Joder, como para olvidarse>>, pensó Marta.

-Sí, comiste hoy con mi hermano- respondió Marta.

-Muy simpático él, ahora no sé si tú eres igual- la picó Pablo, dando un trago a su cerveza, sin dejar de mirar a los ojos de Marta, con una sonrisa traviesa.

-Oye, que yo soy majísima.- Marta decidió seguirle el juego, no sabía por qué.

-Pues hoy no parecías muy contenta de conocerme- dijo Pablo, le gustaba eso de picar a las chicas.

-A lo mejor el poco simpático eres tú- replicó Marta, con una pequeña sonrisa.

-No creo, ¿eh?

-Pues yo sí.

Pablo sonrió.

-Crees mal, si quieres preguntamos por ahí, a ver qué te dicen.

-No quiero que te ofendas.

Ambos se miraron, y sin poderlo evitar, Marta sonrió junto a él.

Álex y Jesús contemplaban la escena desde su sitio de siempre.

-Hacen buena pareja, ¿eh?


miércoles, 16 de octubre de 2013

9- Vámonos de fiesta

Pablo aparcó su coche en el garaje de su casa. Salió y fue hacia el interior de su vivienda. Se tumbó en su sofá blanco y sacó el iPhone. Un mensaje de Jesús, preguntando si ese día quedaban para salir de noche. Claro, ¿por qué no? Se divertirían. Pablo contestó rápidamente, y luego encendió la tele. Estaba cansado, así que decidió dormir un poco para luego de noche estar despierto. Aparte, esa noche era libre, no tendría que estar preocupado por Antonella. Sí, desde luego era la noche perfecta, pero no se imaginaba cuánto.

******
 
Álex se levantó de la hierba y miró a su derecha. Elena miraba hacia él.
 
-Yo casi que me tengo que ir yendo- dijo Álex.
 
-Sí, yo también- dijo Elena, sentándose ella también.
 
Los dos se levantaron y Álex recogió lo que habían llevado con ellos. Echaron a andar, mientras Elena repasaba en su cabeza las palabras del futbolista, que aún rebotaban en su cabeza como una pelota saltarina. Álex, por su parte, disfrutaba viéndola así. Estaba acostumbrado a que todas se comieran la cabeza por él, y la sensación nunca dejaba de gustarle.
 
-Oye, ni siquiera me has dado tu número- dijo Álex.
 
-Es cierto.- Elena sacó su móvil del bolsito y añadió:-. Dame tú el tuyo y te hago una perdida.
 
-Vale-. Álex le dictó el número a Elena, y nada más terminar, ésta le hizo una llamada perdida. Álex sintió su móvil vibrar en el bolsillo, y Elena colgó-. Pues ya lo tengo guardado.
 
-Perfecto.
 
Los dos llegaron hasta su punto de encuentro, donde se pararon.
 
-Bueno, pues hasta otro día, me lo he pasado muy bien- dijo Álex poniendo esa sonrisa suya que solo él sabe poner.
 
-Hasta otro día- repitió Elena-. Yo también me lo he pasado muy bien.
 
Ambos dudaron si darse dos besos o no, pero al final lo hicieron. Álex se acercó a Elena y dio un beso en cada una de sus mejillas. En el momento en el que Álex cambió de mejilla, los ojos marrones de ambos se encontraron a centímetros, y un escalofrío recorrió el cuerpo de Elena, que no paró cuando los labios de Álex tocaron su otra mejilla. Álex separó su cara de la de ella, y con una sonrisa se despidió y se marchó con la cabeza bien alta, porque él también se había dado cuenta de aquel escalofrío. Pero también desconocía otra cosa que podría borrar esa sonrisa de su cara.
 
******
 
Verónica conducía camino de la redacción. Venía de comer en su casa. Llegó a un semáforo, de estos que están año y medio en rojo y solo un minuto en verde. Bufó al ver que no pasaba en verde por los pelos. Bueno, tocaba esperar. Giró su cabeza a la derecha, y no pudo creer lo que vieron sus ojos. Álex Pazos con una chica. Hala, esto se ponía interesante. Sacó su Samsung Galaxy S4 del bolsillo y abrió la cámara. Esperó a que entre ellos pasara algo fotografiable. Vio que se quedaron parados, y dijeron un par de frases. Entonces vio su oportunidad cuando el futbolista cercó su rostro al de la chica. Verónica notó que le iba a dar dos besos, pero tuvo su oportunidad cuando Álex fue a cambiar de mejilla. Clic. Ya está. Verónica miró la foto que acababa de sacar. Perfecta. Parecía que se iban a besar, en vez de lo que había pasado en realidad. Estaba tan absorta pensando lo contento que se iba a poner su jefe al ver eso, que no se dio cuenta de que el semáforo se puso en verde. Un pitido de los de los coches de atrás la devolvió a la realidad, y Verónica, más feliz que antes, arrancó camino de su trabajo.
 
******
 
La casa di Marco, la mejor heladería de la zona. Sara y María entraron, y Sara pudo comprobar que tenía bastante éxito. Todas las mesas estaban ocupadas. En la barra se podían ver hasta 20 sabores diferentes, y tras ella, cucuruchos y tarrinas esperaban a ser utilizados. Las dos chicas se acercaron. María pidió un cucurucho mediano de vainilla y Sara uno grande de chocolate. Decidieron tomárselo mientras paseaban un poco.
 
María se sentía algo incómoda, ya que no conocía de prácticamente nada a su acompañante, pero bastante feliz de haber conocido a alguien que no le de vergüenza estar con ella. Por ahora.
 
-¿Sueles pasear mucho?- preguntó Sara tras dar un gran lametón a su helado.
 
-Bueno, depende del día- respondió María.
 
-¡A mí me encanta! Sobre todo si voy de tiendas- dijo Sara-. La mejor amiga de mi madre trabaja en Zara, por lo que en Bilbao siempre me hacían descuento, pero creo que en Barcelona no contaré con esa ventaja- rió.
 
María también rió. Le gustaba esa chica. Era muy expresiva y alegre.
 
-Yo nunca he tenido esa ventaja, pero igualmente salgo algunas veces de tiendas- comentó María.
 
-Me tienes que enseñar donde están las tiendas aquí, que es algo importante- rió Sara.
 
-Imprescindible- rió también María-. Nos terminamos los helados y te lo enseño, ¿te parece?
 
-¡Sí!
 
María sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió importante, aunque fuera al lado de una persona que acababa de conocer. Lo que no sabía era que acabaría conociendo a esa persona mejor que ella misma.
 
******
 
-¿Diga?
 
-¡Pazos! ¿Hoy sales de noche con Jesús y conmigo?
 
Pablo llamó a Álex unos minutos después de que éste llegara a casa.
 
-Claro, como no, sin mí no os lo pasáis bien- bromeó el de rizos.
 
-Claro, claro, el único favor que nos haces es que las chicas nos miran a nosotros de lo feo que eres- se la devolvió Hernández.
 
-Ja, ya te gustaría, Hernandito.
 
Siguieron unos minutos con esa discusión, hasta que al fin, Pablo la cortó:
 
-Déjalo, anda, que sabes que te gano yo.
 
-Lo dejo, para no humillarte.
 
Siempre eran así, insultándose entre ellos, pero siempre con cariño.
 
-Bueno, pues esta noche nos vemos los tres a las nueve en nuestra discoteca favorita, ya tú sabes- rió Pablo.
 
-Ya yo sé- rió también Álex-. Nos vemos.
 
-Chao.
 
Los dos colgaron, y cada uno siguió a lo suyo, desconociendo lo que esa noche les deparaba.
 
******
 
-Tenemos que elegir qué ponernos- dijo Clara abriendo su armario.
 
-Sí, no podemos ir mal- añadió Marta.
 
-Venga, saquemos todo lo que se podría llevar a una discoteca y escogemos- sugirió Carmen.
 
-Vale, primero escogemos lo vuestro y luego lo mío- dijo Marta-. Que lo mío está arriba.
 
-Perfecto. Primero yo- dijo Clara sacando vestidos de su armario y lanzándolos a la cama.
 
Para escoger lo que se pondría Clara estuvieron media hora, pero mereció la pena, iba a ir guapísima. A continuación pasaron a la habitación de Carmen. Con ella terminaron en veinte minutos. El conjunto escogido era precioso. Luego, salieron del apartamento de Clara y Carmen y cogieron el ascensor para subir al de Marta y Manu. Abrieron la puerta, y se encontraron a Manu tumbado en el sofá viendo la tele.
 
-Hey, hola hermanito- saludó Marta.
 
-¿Qué tal con el futbolista cachondo?- preguntó Carmen riendo, la cual sentía debilidad por Pablo Hernández.
 
-Bastante bien, ya lo conocerás- respondió Manu acomodándose en el sofá.
 
-Preséntaselo, y de paso le comentas que está enamorada de él- se burló Clara.
 
Manu arqueó las cejas y miró a Carmen sonriente, la cual estaba más roja que un tomate.
 
-¡¿Pero qué dices, estúpida?! ¡Solo creo que esté bueno y ya!
 
-Claaro, por eso cuando sale en la tele me mandas callar a grito pelado- siguió burlándose Clara.
 
-Déjalo- bufó Carmen.
 
-Venga, vamos a subir- rió Marta.
 
-¿Qué vais a hacer?- preguntó Manu cuando empezaron a subir.
 
-¡Esta noche salimos, y vamos a ver que puedo ponerme!- respondió Marta.
 
-¡Vale!
 
Las tres chicas entraron en el dormitorio de Marta y se dirigieron a su armario. Lo abrieron, y la boca de Clara y Carmen no llegó al suelo de milagro.
 
-¡Pero cuánta ropa tienes!- exclamó Carmen.
 
-Tampoco tanta- le quitó importancia Marta.
 
-¿Tampoco tanta? ¡Tienes tres veces más que yo, sin exagerar!- añadió Clara.
 
-Bueno, es lo que tiene tener un hermano futbolista- dijo Marta sonriendo.
 
-Jo, voy a coger a mi hermano y lo voy a poner a entrenar día y noche a ver si se hace futbolista- bromeó Carmen.

Las tres rieron y empezaron a mirar los vestidos que tenía Marta. Todos eran preciosos. Acabaron escogiendo uno azul marino que era algo ceñido y hacía un cuerpazo a la chica. De calzado se pondría unas bailarinas, ya que Marta no era muy fan de llevar tacones.
 
Cuando terminaron con su tarea, ya eran las siete y media, por lo que fueron a vestirse, y luego, las tres juntas, se maquillaron un poco y se peinaron, quedando perfectas para esa noche.
 
******
 
Se terminó de colocar el pelo negro y ondulado. Sus ojos castaños resaltaban sobre su piel bronceada, ya que había usado un color de lápiz de ojos precioso. Paula ya estaba preparada para salir con Nati e ir a casa de Iván. Se lo pasarían bien. Además, a lo mejor veía a Lucas, ese chico que tanto le gusta. Miró su móvil. 20:25. Nati debía estar al caer. Bajó al salón, donde su madre la llenó de halagos, porque estaba guapísima.

El timbre de la casa sonó. Paula se apresuró a abrir, y allí delante se encontró a Nati, tan arreglada como ella, pero no tan guapa. Se dieron dos besos y, tras despedirse de su madre, Paula se marchó con Nati.

-Lo pasaremos bien, ¿eh?- dijo Nati-. Y seguro que Lucas se fija en lo guapa que te has puesto.

Paula se puso colorada.

-Seguro que no...- Acto seguido, cambió de tema:-. ¿Y tú, quieres impresionar a alguien?

-Bueno...- Nati dudó. ¿Se lo cuenta o no? Sí, venga, ¿por qué no?-. Sí...

-¿A quién?

-A Julio.

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 Se abrochó el último botón de la camisa blanca. Luego, con los dedos, peinó su pelo castaño hacia arriba, el que antes había peinado con gomina. Se miró en el espejo. Perfecto. Pablo bajó las escaleras de su casa. Por WhatsApp habían acordado verse a una manzana de la discoteca en veinte minutos. Eran las nueve menos cinco, y habían quedado a y cuarto. Se dirigió a su garaje y sacó su fantástico coche, y arrancó camino de la discoteca.

En quince minutos estaba a una manzana de su punto de encuentro. Aparcó por allí cerca y se dirigió a encontrarse con sus amigos.

Cuando llegó, vio a Álex apoyado en un muro, mirando su iPhone, pero sin escribir ni una sola letra.

-¡Ey, tío!- saludó Pablo.

Álex levantó la cabeza y apagó el iPhone.

-¿Qué tal?

-Bien, bien. ¿Qué mirabas tanto en el móvil?

Álex comenzó a ponerse algo nervioso.

-Nada, nada... Una foto mía- intentó esquivar-. Es que soy tan guapo que es normal.

-Claro, ¿no estarías mirando una mía?

-Si estuviera mirando una tuya ahora estaba ciego de lo feo que eres- rió Álex, quien vio que el rumbo de la conversación se desviaba.

-Cegado de mi belleza, querrás decir.

-Sobre todo eso.

No siguieron, ya que apareció Jesús.

-Vázquez, llegas tarde- bromeó Álex.

-Lo bueno siempre se hace esperar- replicó el joven.

-No siempre, yo llevo aquí un buen rato- rió Álex.

-Pero tú eres considerado mierda- se la devolvió Jesús riendo.

-Que golpe bajo, Álex- rió Pablo.

-Venga, vámonos, no me toquéis los cojones- dijo Álex echando a andar.

Y así los tres echaron a andar, camino de la discoteca. La discoteca que esa noche sería un poco más favorita de uno de ellos.

domingo, 13 de octubre de 2013

8- Por casualidad

-Pues mi hermana bien, ¿por qué?- preguntó Manu, sorprendido ante la pregunta de Pablo.

-No, por nada, por saber- se excusó Pablo. Sabía salir muy bien de aquellas situaciones-. Pero por decir algo.

-Ah, bueno, pues empieza el lunes la Universidad- comentó Manu.

-¿Qué estudia?

-Matemáticas.

<<Guau>>, pensó Pablo, <<guapa y con cabeza>>.

-Está bien.

-No te lo esperabas, ¿a qué no?- preguntó Manu, que pareció leerle el pensamiento al catalán.

-Pues no, pero está bien- reconoció Pablo-. Eso es que no es tonta.

-Pues no, pero ojalá fuera algo más tonta.

Pablo rió un poco.

-¿Por?

-Porque así me serían más fáciles las cosas- respondió Manu-. Podría sacarle más cosas.

-Ya. Yo tengo un hermano- comentó Pablo-. Tiene tu edad.

-¿Sí? ¿Cómo se llama?- preguntó Manu.

-Javier, bueno, Javi- contestó Pablo-. Está haciendo el último año en el instituto.

-Sí, ya me imagino- dijo Manu.

-¿Sabes? Eres jovencísimo- comentó Pablo-. Si a esta edad te va así, no te digo dentro de 10 años.

-No exageres, estás tú mucho mejor- le quitó importancia Manu.

-Que va, además, pero yo tengo dos años más, y yo a tu edad jugaba en el Barcelona B- dijo Pablo.

-No le quites importancia. Eres de los mejores del mundo y solo tienes 19.

Pablo sonrió. Le gustaba ese chico. Le caía bien. Y pegaba con su hermano, Tal para cual.

******
 
-¿Jugamos a la Wii?- preguntó Carmen sacando tres mandos de un cajón.
 
-¡Síi!- exclamaron Marta y Clara a la vez.
 
-Vale, ¿qué juego?- preguntó de nuevo la primera.
 
-Mario Bross. De tres mola- respondió Clara.
 
-Sí, que me encanta ese juego- añadió Marta.
 
-Pues venga.
 
Carmen cogió la caja del juego, cogió el disco y lo introdujo por la ranura. El juego empezó a cargar y a los dos minutos ya estaban jugando. Carmen era Mario, Clara la setita amarilla, y Marta era la setita azul. Empezaron de cero. Superaron niveles entre risas y bromas.
 
-¡Eh! ¡Deja de saltar sobre mi cabeza para subir ahí!
 
-¡Pero es que si no no llego!
 
-Ya, ¿y yo ahora como subo?
 
-¡Métete en la pompa y luego te sacamos arriba!
 
-Vale. Hecho. ¡Sacadme de aquí!
 
Así estuvieron toda la tarde. Se lo pasaron en grande, y poco a poco, fueron haciéndose cada vez más amigas.
 
******
 
<<Está tardando mucho en contestar. ¿Eso es bueno o malo? Malo. Pero está sonriendo. ¿Qué hago? ¿Digo algo? ¡No! Que responda él. ¡¿Pero por qué no lo hace?! Ay Dios, tierra trágame>>. Elena se estaba desesperando. Tenía a Álex delante, mirándole, sonriente.
 
-No le des vueltas- dijo Álex al fin-. Sé que acabaré siendo tu favorito.
 
Y dicho esto se tumbó boca arriba en la hierba, con esa sonrisa pícara suya que tan locas volvía a las chicas.
 
Elena respiró tranquila, pero a la vez intranquila. Repasó mentalmente las palabras de Álex. "No le des vueltas. Sé que acabaré siendo tu favorito". ¿Era otra indirecta? ¿O qué? Arj, qué difícil era todo.
 
Álex disfrutaba viendo a Elena comiéndose el coco. Sabía que sus palabras habían causado eco en su cabeza, y que estaba repasándolas mentalmente. Ahora a ver qué contestaba. A ver, que tonta no era.
 
Elena quería responder, solo que quedaría un poco mal hacerlo después de tanto tiempo sin hablar. Así que se tumbó junto a Álex y ella también miró al cielo. Estaba despejado. Se escuchaba a los pájaros cantar. Miró a su izquierda. Álex descansaba tranquilamente, mirando lo mismo que ella. Puf, ¿por qué siempre tenían que ser así? ¿Tener siempre ellos la sartén por el mango?
 
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Querido diario:
Hoy en clase se han reído de mí. Antonio el repetidor me ha llamado fea. No lloré, hoy conseguí aguantar. Hoy en casa se lo conté a mamá, y ella me dijo que yo soy guapa, que ellos solo me tienen envidia, pero yo sé que solo lo dice para que me sienta mejor. Sé que soy la más fea de la clase, pero ya me está empezando a dar igual. Mamá dice que eso es madurar. ¿Será cierto? Preferiría que maduraran los de mi clase y dejaran de llamarme fea, a madurar yo y aprender a superar que me lo llamen. Menos mal que tengo a Laura. Ella siempre está ahí para mí. Le da igual que yo sea fea o no. Y le da igual que yo no sea de las más populares. Ella es una verdadera amiga. No sé que haría sin ella.
 
María cerró de golpe el diario que era suyo a los trece años. No quería leer sobre Laura. No quería recordar esos momentos junto a ella que jamás volverían. No. Y también era hora de dejar atrás esos complejos y salir a la calle como chica que es. Se vistió con su ropa favorita, esa que le había regalado su madre por su cumpleaños. Se peinó, se hizo la raya y luego se colocó las gafas. Iría a dar un paseo con la cabeza bien alta, para demostrarle al mundo que hasta un patito feo puede ser un cisne. A su manera.
 
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Sábado por la tarde... ¿Qué puede hacer una chica nueva en una ciudad un sábado por la tarde? Sara decidió que saldría a dar una vuelta por Barcelona, ¿qué otra cosa podía hacer? Fue hacia su armario y sacó unos vaqueros rasgados y una camiseta de tirantes, ya que ese día hacía calor. Se dejó su pelo suelto y se calzó unas Vans del mismo color que la camiseta. Cogió su bolsito y salió. La calle estaba ajetreada. Gente iba y venía. Había de todas las edades, desde señores que hacían su paseo diario, hasta niñas de 12 años que empezaban a quedar con sus amigas. Comenzó a caminar. Vio algunas de sus tiendas favoritas de ropa. Intentó memorizar su posición para ir más a menudo. Echó una ojeada en todas ellas, y siguió paseando. Llegó hasta un parque, donde decidió sentarse un rato a descansar.
 
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El teléfono de su oficina sonó ruidoso. Verónica descolgó al momento.
 
-¡Verónica! Vi tu trabajo hoy en la presentación de Manu. Estuviste genial.
 
-Gracias, jefe, espero que le haya gustado.
 
-¿Que si me ha gustado? ¡Me ha encantado! Por eso quiero que vayas mañana al partido del Barça e intentes entrevistar a algún jugador. De estos jovencitos, ¿sabes? Estilo Álex Pazos, Jesús Vázquez o...
 
-¿Pablo Hernández?- interrumpió la guapa periodista.
 
-¡Sí! Veo que estás en todo. Entonces, ¿podrías ir?
 
-Claro, yo encantada- respondió Verónica.
 
-Perfecto, pues así. Mañana en el Camp Nou.
 
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Paulaaaa<3 hoy vamos a una fiesta en casa de Ivan? Venga, anímate, lo pasaremos bien ;) Besis
 
¿Una fiesta? La verdad es que le apetecía salir, divertirse y olvidarse un poco de todo. Sí, lo mejor sería ir. Total, era sábado, podía hacer lo que quisiera. Sí. Iría.
 
Ey Nati, sí que voy, pasas a por mi a las ocho y media? besos
 
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-¡La madre que la parió! ¡Me quedaba solo una vida y lo mejor que se le ocurre es tirarme por un barranco!- exclamó Clara, mientras Marta y Carmen reían a carcajadas-. ¡No es gracioso!
 
-¡Sí lo es!- dijeron las otras dos jóvenes riendo.
 
En la pantalla aparecieron los personajes de las tres, mientras a Clara le daban cinco vidas más. Ya llevaba diez continuaciones y acababan de empezar el nivel 2.
 
-Pero mira que eres mala- se burló Carmen.
 
-Sí, malísima, es muy normal coger a una persona a caballito y luego arrojarla al vacío- ironizó Clara.
 
-No seas exagerada- intervino Marta, aún riendo-. Sabes que fue muy gracioso.
 
-Tiene razón- apoyó Carmen a carcajada limpia.
 
-Bueno, pues venga, vamos otra vez aquí, ya veréis que risa- retó Clara agarrando su mando correctamente y poniéndose en posición de jugar.
 
-Pues venga- dijo Carmen.
 
Las tres empezaron el nivel. Clara intentó repetir la jugarreta anterior de Carmen, pero no lo consiguió, es más, ésta vez la tiró Marta por el barranco. Clara pegó un brinco, enfadada.
 
-¡Joba! ¡Sed más amables!

 
En la pantalla seguían Mario y la seta azul, mientras la amarilla parecía flotando en una pompa, en dirección a los otros dos personajes.
 
-Capullas- dijo cuando Marta explotó su pompa.
 
Marta y Carmen rieron de nuevo. Les encantaba hacer rabiar a Clara. Jugaron unos quince minutos más, hasta que dieron por terminada su sesión de Mario Bross. Las tres se sentaron en el sofá blanco de la casa de Clara y Carmen.
 
-¿Qué os parece si esta noche salimos?- sugirió Carmen.
 
-Genial- dijeron Clara y Marta a la vez.
 
-Bien, porque me sé una discoteca buenísima y...- empezó a explicar Carmen.
 
-¿Y desde cuando sabes tú de discotecas?- interrumpió Clara.
 
-¿Te acuerdas de Fernando, el que iba en nuestra clase?- Clara asintió-. Él me la sugirió. Bueno, ¿puedo seguir? A ver, podemos entrar por un precio barato y es buena, allí va toda la gente importante de Barcelona.
 
-Cuidado eh, la gente más importante- imitó riendo Clara.
 
-Cállate, tonta- mandó Carmen-. Bueno, pues iremos sobre las ocho y media, nueve, ¿vale?
 
-Vale.
 
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Pablo pagó al camarero la comida de los dos, a pesar de que Manu había insistido en pagar él lo suyo. Los dos salieron del restaurante, y ya en la calle, Pablo dijo:
 
-Bueno, yo me tengo que ir yendo. ¿Te acompaño a casa?
 
-Sí, porfa, que no sé dónde está- rió Manu. Le dio la dirección y los dos echaron a andar. Empezaron a hablar, tal y como lo llevaban haciendo todo el día, hasta que llegaron al edificio donde vivían Marta y Manu.
 
-Guau- dijo Pablo al verlo-. No andáis mal de dinero, ¿eh?
 
-Pues no, está bastante bien- dijo Manu, contemplando junto a Pablo la fachada de su edificio.
 
-Bueno, pues nos vemos mañana- comenzó a despedirse Pablo.
 
-Sí, hasta mañana, se despidió también Manu. Fue hacia la puerta y se sacó la llave del bolsillo. Abrió el portal y entró, mientras Pablo echaba a andar por las calles a buscar su coche.

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María paseaba sin rumbo por Barcelona. Pensó en que lo mejor que podía hacer era relajarse en su sitio favorito, ese donde su padre la llevaba siempre al salir del colegio. Se dirigió hacia un parque, y caminó en dirección a su destino.
 
Sara contempló a una chica de gafas, bajita, que caminaba rápidamente, y la vio llegar junto a unos arbustos. Curiosa, la siguió con la mirada.
 
María buscó un pequeño sitio para pasar entre los arbustos, y cuando estuvo en el otro lado, sonrió al ver lo que tenía delante.
 
<<¿Se ha metido entre los arbustos? ¿Pero que hace>>, se preguntó Sara. Se levantó del banco en el que descansaba y fue en dirección de la chica de gafas.
 
María contempló ante sí patos que nadaban alegremente en un pequeño estanque, del cual muy poca gente sabía de su existencia. Sonrió, y se sentó en un banco de piedra junto al estanque para contemplarlos. Y, sonrió, ante los recuerdos que ese pequeño estanque le daba.
 
Sara llegó junto a los arbustos. Entró justo por donde la chica de antes entró y cuando llegó al otro lado, se quedó maravillada al ver el estanque, pero la chica que lo contemplaba se llevó una sorpresa tremenda.
 
¿Pero quien es esa chica? ¿Y que hace en el estanque al que su padre le llevaba tantas veces de pequeña?
 
-¿Qué es esto?- preguntó la intrusa-. Es precioso.
 
-Es... Es... Un... Estanque- consiguió decir al fin María.
 
-Me encanta- dijo la chica-. Por cierto, soy Sara, perdona si te he asustado.
 
-Yo María. No pasa nada.
 
-¿Como es que esto está escondido? Con lo bonito que es...
 
-Es para... Para que no molesten a los patos- contestó María a la carrera-. Antes había uno a la vista de todo el mundo y no acabó bien.
 
-Oh, que pena.
 
Las dos se quedaron en silencio. María miraba al estanque, y Sara miraba a María. No era guapa, pero parecía simpática, y el hecho de estar ahí sola hacía que Sara se sintiera un poco mal por María.
 
-¿Eres de aquí?- preguntó Sara para romper el silencio.
 
María apartó la mirada del estanque y la colocó en Sara.
 
-Sí, ¿y tú?
 
-No, yo soy de Bilbao. Llegué ayer- respondió la bilbaína.
 
-Me gusta Bilbao, aunque nunca fui.
 
-Sí, es precioso. Oye, ¿sabes de algún sitio bueno por aquí? Es que tengo un hambre...
 
-Sí, sé una heladería muy buena a un par de manzanas de aquí- contestó María-. ¿Quieres que te lleve?
 
-¡Sí! ¡Estaría genial!- exclamó Sara-. Seguro que es buenísima.
 
-Lo es- dijo María, sonriendo por primera ves en lo que va de día.

viernes, 4 de octubre de 2013

7- Buscando un favorito

Se colocó de nuevo el pelo. Espera, ¿por qué se coloca el pelo? ¡Si sus rizos no se mueven ni con un huracán! Va, ya está listo. Álex caminaba por las calles de Barcelona, seguro y decidido. En su cartera descansaban 50 euros, que iba a utilizar ese día. Llegó al punto de encuentro con Elena. Miró la hora. Las dos menos cinco. Elena estaría por llegar. Decidió apoyarse en la fachada de un edificio y sacó su iPhone para entretenerse mientras tanto. Todo el mundo comentaba la presentación de Manu Rivas en las redes sociales, y tanto fotos como vídeos se filtraron por Internet adelante. Decidió que, en vez de mirar tweets sobre la presentación de Manu, miraría los tweets que le mandaban a él. Respondió unos cuantos y luego miró la hora. 13:59. Levantó la cabeza y miró primero a la izquierda y luego a la derecha. Y la vio caminar hacia él. Guapísima, con su melena oscura al viento. Esbozó una pequeña sonrisa y se irguió para saludarla. Elena llegó hasta él y lo saludó.

-Hola.

-Hola.

Ambos se miraron. Álex seguía con la mini sonrisa, y Elena esbozó otra.

-¿Dónde vamos a ir?- preguntó.

-Sorpresa- dijo Álex-. Bueno, ¿vamos?

-Vamos.

Los dos echaron a andar entre la multitud, camino de un lugar que solo Álex sabía.

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-Barcelona tiene muchos sitios buenos, pero yo te recomiendo éste- dijo Pablo a Manu señalando el restaurante donde había comido el día anterior con sus dos mejores amigos.
 
-Tiene buena pinta, ¿qué sirven?- preguntó Manu.
 
-De todo, te va a encantar- respondió Pablo.
 
-Genial- sonrió Manu.
 
Los dos entraron, y se sentaron en una mesa cerca de la ventana, de las más bonitas. Manu cogió la carta y la miró, pensando qué pedir. Pablo, en cambio, ya sabía lo que iba a pedir.
 
-¿Qué me recomiendas?- preguntó Manu mirando los diferentes platos.
 
-A mí lo que más me gusta es el filete con patatas, lo hacen genial- respondió Pablo-. Pero también están buenos los espaguetis, los macarrones, la paella...
 
-Pido macarrones, es mi comida favorita- se decidió al fin Manu.
 
-Perfecto, pues pedimos.- Pablo levantó la mano, llamando la atención del camarero, que se acercó hasta su mesa.
 
-¿Qué desean tomar?- preguntó, sacando una libretita y un boli.
 
-Yo tomaré un filete con patatas y él unos macarrones- dictó Pablo.
 
El camarero asintió y se marchó.
 
-¿Vienes mucho por aquí?- preguntó Manu, sacando tema de conversación.
 
-Sí, de hecho vine aquí ayer- contestó Pablo, que miró hacia un lado, y vio a la camarera ex novia de Álex. No pudo aguantar una risita.
 
-¿Que pasó?- preguntó Manu curioso.
 
-¿Ves esa camarera?- Pablo señaló disimuladamente-. Ayer vine aquí con mis amigos, y es la ex de uno, tenías que verlos. Nos tomó nota y todo.
 
-¿Sí? A mí me pasa eso y no sé que haría, la verdad...
 
-No sé, solo te digo que ellos se miraban con cara de pulpo y les costaba hablar- rió Pablo.
 
Manu también rió al imaginar esa situación. Debió ser muy incómoda para ambos. Pablo miró a su acompañante, tenía la oportunidad perfecta para preguntarle eso que quería preguntarle desde que se marcharon del Camp Nou.
 
-Y bueno, ¿tu hermana qué tal?
 
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-Clara, cada día cocinas peor- se quejó Carmen tras llevarse a la boca el primer bocado de la tortilla que Clara había preparado.
 
-¡Pues cocina tú, a ver qué tal te sale!- exclamó Clara, sentada en la mesa del comedor de su piso.
 
-Hija, no aprendo a cocinar porque no quiero, pero hasta un niño de siete años lo hace mejor que tú- replicó Carmen, echando su plato hacia delante, en señal de que no pensaba comérselo.
 
Marta contemplaba la escena divertida, sentada al lado de Clara. Las amigas empezaron a discutir sobre si Clara sabía cocinar o no. Marta comía, tranquilamente, disfrutando la tortilla de Clara, que no era perfecta, pero estaba muy rica. Estuvieron así alrededor de 10 minutos, que fue cuando Marta terminó su tortilla e interrumpió a las amigas:
 
-Estaba muy rica, Clara. Me ha encantado.
 
-Gracias- dijo Clara con una sonrisa, y luego, dirigiéndose a Carmen añadió:-. ¿Viste? ¡Estaba riquísima!
 
-Déjalo ya, ¿no ves que lo dice por quedar bien?- dijo Carmen, poniendo voz de "está más claro que el agua".
 
-Noooo, si fuera así me lo diría- replicó Carmen.
 
-Dejadlo ya, anda- interrumpió Marta riendo-. Parecéis niñas pequeñas.
 
-Siempre hemos sido así, que no te extrañe- rió Carmen.
 
-Ya, una vez en inglés nos pidieron hacer frases y dijo que yo era subnormal- dijo Clara cruzándose de brazos.
 
-Es que pedían decir verdades, ¿qué quieres que haga?- rió de nuevo Carmen.
 
<<Parecen un matrimonio>>, pensó Marta, <<fijo que cuando se casen viven juntas y con sus maridos>>.
 
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Elena y Álex llegaron a un pequeño restaurante con un olor que invitaba a entrar a cualquiera que pasase por delante.

-¿Vamos a comer aquí?- preguntó Elena emocionada.

-No exactamente- respondió Álex-. Espérame aquí, vuelvo en un minuto.- Dejó a Elena en la entrada, mientras él entró y se dirigió a la cocina. Al minuto salió con una cesta cubierta por una manta de cuadros, señaló al parque en la acera de enfrente y dijo:-. Comemos ahí.

Elena sonrió. Le encantaba la idea, y la comida prometía. Cruzaron la calle y comenzaron a caminar por el parque hasta encontrar el sitio perfecto para sentarse y comer.

Álex extendió el mantel sobre la hierba, y luego dejó la mesa en el centro. Elena y él se sentaron cada uno en un lugar del mantel. Álex sacó la comida de la cesta.

-¡Que buena pinta!- exclamó Elena, al ver la comida que Álex iba sacando de la cesta.

-¿A que sí? Voy muy a menudo por allí y es de lo mejor que he probado- comentó Álex.

-Pues estoy deseando probarlo yo también.

Álex aguantó una risa. Todo con él iba con doble sentido.

-Guarro- rió Elena, que se había dado cuenta.

-¿Yo? ¡Que va! Soy un caballero- dijo Álex con una sonrisa, mientras aguantaba la risa.

-Deja ya de malpensar, anda- rió de nuevo la chica.

-Vale, vale- dijo Álex soltando un poco de la risa que se estaba aguantando.

Ambos se llevaron el primer trozo a la boca. Elena pensó que aquella comida era deliciosa.

-Está riquísimo.

-Lo sé- sonrió Álex.

-No me extraña que te encante- comentó Elena.

-Hombre, no soy el único, pero bueno- añadió Álex sonriente-. Y bueno, cuéntame algo de ti.

-Pues...- Elena empezó a pensar-. Me llamo Elena, tengo 18 años... Em... El lunes empiezo la carrera, Psicología... Soy de Girona... Y no sé que más decir.

-Bueno, está bien- dijo Álex sonriendo-. Ahora yo. A ver, soy Álex, tengo 19 años, soy futbolista y soy de Barcelona.

-Eso ya lo sabía todo- dijo Elena tomando otro trozo de aquella rica comida.

-¿Ah, sí?- se "sorprendió" Álex-. ¿Y que más sabes de mí?

-Pues que juegas en el Barça de centrocampista, con el dorsal 15, según he leído alguna vez, porque cumples un 15...

-El 15 de junio- interrumpió Álex-. ¿Eso también lo sabías?

-No, eso no- rió Elena. En realidad, sí lo sabía, pero no iba a quedar de obsesionada delante de él.

-¿Estás segura?- preguntó Álex enarcando una ceja-. Porque no lo pareces.

-Segura- afirmó Elena, esperando que colara.

-Bueeno, pero en vez de hablar de mí, cosa que ya hago bastante, háblame de ti- pidió Álex.

Elena pensó en qué decirle. Tenía que decir la verdad, pero no contar cosas que espantaran a un chico tan guapo como él.

-Pues me gusta mucho el fútbol- dijo al fin. Eso sorprendió a Álex. Él nunca había conocido a una chica así-. ¡No soy un bicho raro, eh!- exclamó Elena al ver como la miraba Álex.

-No es eso, eso es bueno- aclaró Álex-. Serás del Barça, ¿no?

-Evidentemente, si no no estaría aquí contigo.

Álex levantó ambas cejas. Se había sorprendido. Y para bien, precisamente.

-Eso está muy bien, pero como ahora me digas que tu favorito no soy yo, cojo y me marcho, ¿eh?- ironizó.

-No tengo favorito, pero podría tenerlo.

Hasta Elena se sorprendió de lo que acababa de decir. Acababa de lanzarle una indirecta.
 
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hoy sábado noche, fiesta en casa de ivan. te apuntas?
 
Releyó el mensaje. No sabía si le apetecía o no, pero tenía que ir, era Julio Fernández. Él era la fiesta. No era fiesta si él no estaba. Por eso decidió ir. Respondió al mensaje de su amigo y fue hacia la estantería de su habitación a coger un poco de dinero para comer fuera. No encontró. Empezó a remover, hasta que se encontró algo que fue como una patada al corazón. Él y ella, tumbados sobre el césped. Él encima de ella, besándola con pasión, con una mano colocada en su cintura y la otra sobre el suelo para no cargar todo su peso sobre ella. Ella rodeaba su cuello con los brazos, mientras sonreía en el beso.
 
Julio recordó el momento de la foto. Recordó que ese día fue en el que Marta tuvo su primera vez. Con él. Y recordó que justo después fue la primera vez que Julio dijo "te quiero" a alguien.
 
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Encendió la tele y empezó a ver los deportes. Allí salía el que sería su nuevo compañero de equipo. Jesús suspiró. Estaba con la ropa de dormir. Al igual que sus dos amigos, utilizaba un pantalón largo de chándal y no usaba camiseta. Pensó que esa noche podían hacer algo. Es decir, era sábado, no podían quedarse en casa como niños buenos. Decidió comentárselo a sus amigos luego, porque según había comprobado por sus últimas conexiones de WhatsApp, sus amigos estaban ocupados.