domingo, 9 de febrero de 2014

31- Diferente

Pablo llegó a casa y se dejó caer en el sofá. Suspiró bien fuerte.

<<Joder>>, pensó, <<vaya día>>.

Recordó el beso que le dio a Marta. Ella se puso nerviosa, pero se le notaba en los ojos que le había gustado. Lo sabía.

<<Que tierna>>.

Pablo se quedó en silencio. Necesitaba hablar de eso, sentir que alguien le decía que había hecho bien, así que llamó a Jesús, ya que él era más experto en eso que Álex, el cual besaba a una chica y tan tranquilo que se quedaba. Pablo le pidió a Jesús verse, así que en diez minutos Jesús estaba en la puerta de casa de Pablo, esperando a que le abriera.

Pablo lo invitó a entrar y ambos se sentaron en el sofá.

-Y bien, ¿qué es eso tan urgente que me tienes que contar?- preguntó el moreno.

-¿Te acuerdas de Marta, la hermana de Manu?- Jesús asintió-. Hoy la he visto. Y la he besado.

******
 
 
Marta llegó a casa y fue directamente a la cocina a por un vaso de agua. Repasó mentalmente la cosa. Se perdió, Pablo la ayudó, y la besó. Probablemente lo que más le gustaba de la historia era lo tercero. No se lo creía. Un chico como Pablo besando a una chica como ella. Debió ser un impulso de Pablo, simplemente eso. No había otra explicación. Que manía tenían los chicos de besarla cuando menos se lo esperaba. Marta empezó a darle vueltas a la cabeza. No quería ser una chica más en la larga lista de Pablo. No quería salir herida, otra vez. ¡Pero que dice! ¡Un chico como Pablo jamás se plantearía algo con ella! Lo máximo a lo que aspiraba ella era a acostarse con él y no volver a verlo jamás. ¿O no?
 
******
 
Julio estaba viendo una película tumbado en el sofá de su casa. Estaba con unos pantalones del mercadillo y con el torso desnudo. Era una de las películas ñoñas que le gustaban a ella, con las que siempre acababa llorando. Si es que era muy sensible, lloraba por casi todo, aunque era bastante fuerte...
 
Llegó el viernes y con él el optimismo entre los adolescentes. Marta había estado hablando durante aquella semana con Alba, una chica dos años mayor que ella, con la que se llevaba muy bien desde hacía algunos años. Esa tarde, Alba le propuso a Marta quedar para ir de compras. Marta le había contado TODO lo de Julio, por lo que ella quiso animar a la chica que para ella era su hermana pequeña.
 
Las dos chicas estaban de paseo por la alameda tras haber hecho algunas compras. El día era muy agradable, por lo que mucha gente quería ir a pasear.
 
-Así que Julio te besó unas siete veces, ¿no?- resumió Alba contando con los dedos.
 
-Sí, y es que... Puf- dijo Marta.
 
-¿Te has dado cuenta de que cuando hablas de él pones cara de tontita?- se burló Alba desde el cariño.
 
-No, y aunque lo hiciera, ¿tan malo sería?
 
-Eso quiere decir que te gusta, aunque sea un poquito- dijo Alba triunfante-. Y Martita, sí lo haces.
 
Marta suspiró. Julio era demasiado Julio, y aunque no lo quisiera admitir, la volvía loca.
 
-A ver, ¿tú quieres ver a Julio?- preguntó Alba sonriente.
 
-¡No! Que vergüenza...
 
-Eso es que sí. Ya nos lo encontraremos. Él y sus amigos suelen estar por aquí, ya sabes como son- dijo Alba-. ¿Dónde decías que suelen estar?
 
-Arriba, pero no creo que sea buena idea...
 
Marta no pudo terminar.
 
<<Vaya, que novedad>>.
 
Alba ya estaba mirando hacia el lugar, y sonrió al distinguir entre tanto negro unos bonitos ojos azules.
 
-Ahí está tu novio- dijo señalando disimuladamente.
 
-¡Que no es mi novio!
 
-Sois unos románticos- siguió Alba.
 
-Que va a ser él romántico.
 
-Pues a mí eso de que te llevara con él después de darle a Jacobo la paliza de su vida, escaparos juntos, me suena a película- se rió ella.
 
-Hoy es tu día, eh- se burló Marta.
 
-Sí, lo sé. Ah, y por cierto, Julio te acaba de ver.
 
-¿Qué?
 
-¿No ves como sonríe mirando para aquí? Ojalá peguen ahora a alguien y os escapéis juntos- siguió burlándose Alba-. Y yo mientras tanto, como buena cuñada, me hago amiga de sus amigos.
 
-¡Alba, para ya!- exclamó Marta. Ella también iba a reír y no quería reírse con las historias de su amiga de ella y Julio, pero no iba a darle el placer.

Marta y Alba siguieron conversando.

-Ve a decirle algo a Julio, tía- dijo Alba-. No para de mirarte.

-Ni de coña, que venga él.

-Bueno, déjalo- dijo Alba-. Mira, ahí está Jacobo. Viene hacia aquí.

-Ah, sí, Jacobo- dijo Marta sin darle importancia. De repente, abrió los ojos como platos-. ¡¿Jacobo?!

-Sí, ¿qué pasa?- preguntó Alba.

-Julio pegó a Jacobo- respondió Marta.

-Me da que Julio ya vio a Jacobo- dijo Alba-. Se acaba de levantar.

Julio estaba hablando con Lucas y Gabriel. Ese día solo estaban ellos tres, y miraron de reojo a Jacobo. Sus caras no eran muy agradables, y la verdad es que daban algo de miedo. Jacobo iba acompañado de tres chicos más y miraron a los tres chicos que los miraban desde arriba. Subieron, pasando al lado de Marta y Alba, y llegaron junto a ellos.

-Hombre- dijo Jacobo, "sorprendido".

-¿Qué quieres?- preguntó Julio. Sus puños se estaban tensando.

-Resolver algunas cosas- respondió Jacobo-. Os debo una.

Julio iba a contestar, pero ya tenía a Jacobo encima. Jacobo estaba intentando devolverle todos y cada uno de los golpes que le había dado. Gabriel iba a defender a su amigo, pero uno de los acompañantes de Jacobo se lo impidió lanzándosele encima. Hicieron lo mismo con Lucas, mientras que el acompañante restante, el otro chico al que Julio le había dado, le dio también golpes a Julio.

Marta y Alba miraban horrorizadas la escena. Julio recibía golpes, pero también los daba, al igual que sus amigos. Sin pensarlo, Marta corrió hacia ellos, con las lágrimas llegándole a los ojos. Alba corrió tras ella. Julio se estaba empezando a levantar y a plantarle cara a los dos chicos que iban a por él.

-Dos contra uno es muy cobarde, incluso para ti- murmuró Julio, y luego le propinó un puñetazo en la cara a Jacobo.

Marta fue hacia el segundo chico que golpeaba a Julio y le sujetó los brazos, intentando pararlo.

-¡Para, Dios!

-No te metas, puedes salir mal- dijo el chico apartando a Marta.

-No, le estáis haciendo daño- dijo Marta con las lágrimas asomando.

-Es el daño que hizo él- intentó convencerle el joven.

Aprovechando que Marta le había quitado uno de encima, Julio se levantó y se puso a la altura de Jacobo. Marta miró, y vio a Jacobo dándole a Julio, haciendo que él se enfadara y le diera lo más fuerte que pudo. Marta empujó al chico y corrió hacia Julio. Agarró a Jacobo, lo apartó y se puso delante de Julio. En sus ojos habían llamas de odio, y su respiración era agitada.

-Julio, parad- dijo Marta llorando.

A Julio le sangraban la nariz y la ceja, al igual que a Jacobo, y tenía rasguños por todo el cuerpo. Aprovechando que Julio estaba distraído con Marta, Jacobo intentó darle un puñetazo, pero Julio le dio a él uno, tumbándolo en el suelo. Por su parte, Gabriel había conseguido tumbar al que le pegaba a él y hacía lo que podía con el de Lucas. Si es que le había tocado el más grande. Al ver a Jacobo que no podía moverse, Julio se giró hacia sus amigos y por detrás, le dio al desconocido lo más fuerte que pudo, haciendo que éste cayera al suelo retorciéndose de dolor.

-Vámonos- dijo Julio. Estaba enfadado, muy enfadado, y daba verdadero miedo. Se giró hacia Marta y le agarró la muñeca tirando de ella hacia él. Miró a Alba y le hizo un gesto para que los siguiera. Los cinco se fueron rápido y subieron hasta la cima de la alameda. Allí, guiadas por los chicos, se metieron entre unas rocas, llegando a un pequeño claro. Gabriel se apoyó en una roca y se dejó caer hasta que cayó sentado. Lucas lo imitó, y Alba se apoyó en una roca.

Julio tenía la muñeca de Marta apretada, y la soltó poco a poco. Sus manos temblaban. Su respiración era agitada, al igual que la de ella.

-Que hijos de puta- murmuró Gabriel.

-Se llevaron lo que se merecían- dijo Julio. Su enfado seguía presente, muy presente-. En cuanto pare de sangrar me largo.

Los otros dos chicos asintieron, y Julio miró a Marta. Su mirada se suavizó. Luego, se sentó en el suelo, y tras dudar un momento, ella se sentó a su lado.

Los chicos pararon de sangran enseguida y decidieron marcharse, ya se verían al día siguiente. Lucas y Julio intercambiaron una mirada, y enseguida se entendieron. Lucas se dirigió a Alba, y le preguntó:

-¿Quieres que te lleve a casa?

Alba entendió perfectamente de que iba la cosa y aceptó. Lucas y Alba se marcharon, y Gabriel también. De nuevo, solo quedaron Marta y Julio.

-¿Estás bien?- preguntó Marta.

-Tengo heridas, nada más- le quitó importancia él-. ¿Tú?

-Sí.

-Bien. Vamos, te llevo a casa- dijo él.

-A casa no- dijo ella. Él se giro y la miró-. Están mis padres y se extrañarían si me ven volver tan pronto. Ellos se marchan a las ocho a Zaragoza con mi hermano, pero mientras...

-Ya entendí- la cortó Julio aguantando una sonrisa-. Ven conmigo.

Julio salió de aquel claro seguido por Marta. Bajaron por toda la alameda y salieron de ella. Llegaron a un lugar donde había aparcadas una fila de motos.

-Sube- ordenó él.

Esta vez ella no dijo que no. Se agarró con cuidado por si le hacía daño en alguna herida. Él arrancó enseguida y empezó a conducir por las calles de la ciudad, en dirección a donde sólo él sabía.
 
 ******
 
-¿Eso no es bueno?- preguntó Jesús.
 
-Sí, pero no- respondió Pablo-. Bueno porque sí, la besé, malo por como va a reaccionar ella, no sé si me entiendes.
 
-Sí, pero creo que no deberías preocuparte, tú sé tú- dijo Jesús-. Y ya estará todo hecho.
 
-Eso espero.
 
-¿Pero por qué te importa tanto?
 
-No lo sé... Es que ella es...
 
-¿Es?- lo alentó Jesús.
 
-Diferente, y eso, es muy bueno.


sábado, 8 de febrero de 2014

30- Stupid but lovely

El martes amaneció de nuevo soleado. Las chicas se despertaron con el pitido del molesto despertador. En el apartamento de Clara y Carmen, las dos se cepillaban los dientes codo a codo, ambas con caras adormiladas. Sara, por su parte, se desesperaba porque no se daba decidido por la ropa del día. En la otra punta de la ciudad, María se cepillaba el pelo una y otra vez, y hacía experimentos con el pelo, sin saber como colocarlo. Elena se estresaba porque no se daba hecho bien una trenza ladeada. Cris corría de un lado a otro cogiendo sus libros, folios y bolis. En el apartamento de Marta y Manu, los dos hermanos desayunaban tranquilamente su taza diaria de Chocapic. Manu comentaba que ese día iban a empezar a preparar el partido del próximo sábado en Sevilla. Marta hablaba de que ese día ya empezarían a dar clases de verdad. Al acabar de prepararse, todas las chicas fueron a la Universidad y Manu fue a la Ciudad Deportiva del Barcelona, al igual que el resto de los jugadores del Barcelona, entre ellos Pablo, Jesús y Álex.

******
 
La mañana fue bien para todos. El entrenamiento fue muy bien, y Manu pidió una pizza para comer. Las chicas se reunieron de nuevo en la cafetería de la Universidad. Estaban todas muy contentas, su primera semana de universitarias estaba yendo muy bien. La verdad era que cada vez se llevaban mejor, y formaban una pandilla muy... ¿Adorable? Si es que las Choscas Universitarias eran una mezcla de tantas cosas. Al acabar de comer, cada una volvió a su apartamento, excepto Marta, que tuvo que volver a la facultad a por unas cosas que se le habían olvidado. Salió del Campus y miró a ambos lados. Se fue por el lado que ella consideraba el correcto, aunque empezó a arrepentirse de su intuición al ver unas calles que hasta ese momento no había visto. El silbido del WhatsApp interrumpió sus pensamientos.
 
Que tal tus primeros días de universidad?
 
Pablo. Marta no pudo evitar sonreír y responder que de maravilla, para luego preguntarle a él que tal. Pablo le preguntó qué tal estaba ella, y Marta vio la oportunidad de que la ayudaran a volver a casa.
 
Si te soy sincera, me perdí xd
 
Pablo rió al ver el mensaje, y le preguntó donde estaba. Ella le dijo como era el lugar donde estaba, y él enseguida supo de que sitio se trataba. Le dijo que se quedara allí, que enseguida iba él. A Marta le dio algo de vergüenza que Pablo tuviera que ayudarla a volver a su casa. Era un poquito penoso, y se rió de sí misma. Enseguida vio a Pablo venir hacia ella. Unas gafas de sol negras le tapaban los ojos, ayudándolo a pasar desapercibido. Iba vestido con unos vaqueros, una camiseta blanca y unas Air Force. Cuando llegó junto a ella la saludó con una sonrisa, y ella aguantó la risa.
 
-Muy penoso, ya lo sé- dijo ella.
 
-Que va- dijo él-. Es normal que te pierdas.
 
Marta se dio cuenta de que Pablo era realmente guapo. Si se lo tenía creído, razones no le faltaban.
 
-Ahora te acompaño a casa- dijo él sonriente-. Aunque estás bastante lejos.
 
-¿Y tú viniste andando?- preguntó ella.
 
-Claro, si no es muy fácil reconocerme, y aunque me gustan mucho las chicas, a veces molesta tener a 20 encima- dijo él claramente para picarla, y para ver como reaccionaba.
 
Marta se paró a pensar. Le gustan las chicas y suele tener a 20 alrededor. No sabía quienes eran esas chicas pero ya las odiaba.
 
-Pues no tengo dinero para el bus- dijo ella.
 
-Que distraída eres- comentó él con una gran sonrisa.
 
Los dos comenzaron a andar, mientras Pablo la picaba riéndose de lo despistada que era. A ella le gustaba que hiciera eso, y se defendía como podía. Mientras caminaban, Pablo le iba enseñando los sitios que podían gustarle, entre ellos las tiendas de ropa y de zapatos. Pablo le enseñó la Sagrada Familia, ante la cual Marta se quedó maravillada.
 
-Es preciosa...- dijo ella.
 
<<Como tú>>, pensó él, y enseguida apartó esos pensamientos de su cabeza.
 
Tras una larga caminata de unas dos horas, llegaron a un parque infantil. No había niños, ya que todos debían estar en la playa o en la piscina. En el centro, había un único columpio. Ambos miraron para él. A los dos les encantaban los columpios.
 
-El columpio mío- dijo él.
 
-De eso nada- retó ella.
 
Se miraron divertidos, y los dos corrieron al columpio. Evidentemente, ganó Pablo y se sentó primero.
 
-¡Jo!- exclamó Marta con una sonrisa, fastidiada.
 
-Si tantas ganas tienes de subir, sube conmigo- dijo él sonriente. Se había quitado las gafas y se las colocó en la camiseta, y así se apreciaban mejor sus ojos color miel. No estaba de broma lo decía en serio.
 
-Vale- dijo Marta, como "aceptando el reto".
 
Se agarró a las cadenas del columpio, y de un salto, rodeó con su piernas la cadera de Pablo y se sentó sobre sus piernas.
 
-Guau- dijo él con una sonrisa.
 
Sus ojos conectaron. El corazón de Marta comenzó a ir a mil por hora.
 
<<Para de latir tan fuerte>>, ordenó Marta.
 
El columpio comenzó a moverse, y Marta se agarró fuerte a las cadenas. Sus manos rozaban las de Pablo, lo que le hacía que la carne se le pusiera de gallina.
 
-No le des muy fuerte- pidió Marta.
 
-¿Segura?- retó Pablo.
 
-Sí, tengo miedo de caerme, o sea que cuidadito.
 
Pablo sonrió ante eso, y empujó el columpio más y más fuerte cada vez, hasta que el columpio llegó lo más alto que pudo.
 
-¡Pablo, te dije que no te pasaras! ¡Pablo, para!- exclamó Marta.
 
Pablo rió y le siguió dando, hasta que en un momento dado, Marta se sintió caer, y en un acto de reflejos, se agarró fuerte al cuello de Pablo, haciendo que éste parara el columpio en seco. Sus miradas conectaron de nuevo, y la distancia de pocos centímetros que separaba su boca desapareció. Los dos cerraron los ojos y se dejaron llevar por el beso. Si es que hacía apenas cuatro días que se conocían, pero les había servido para dar ya el primer paso. Cuando se separaron sus ojos volvieron a chocar. Pablo le sonrió, y ella lo miró fijamente. Guau. Lo que había sentido en ese beso solo lo sintió con los besos de una persona...
 
-Esto...- empezó a decir. No sabía que decir ni hacer.
 
-¿Tan mal beso?- preguntó él sonriente. Marta adoraba y odiaba al mismo tiempo que fuera así.
 
-No, no- se apresuró a decir ella-. Solo que... Esto... A ver como bajo.
 
<<Genial Marta>>, dijo una voz interior en su cabeza, <<porque no había cosas mejores que decirle>>.
 
Pablo esbozó una sonrisa irónica y le susurró:
 
-Agárrate a mi cuello.
 
Marta obedeció, y él agarró sus piernas, pegándolas a su cadera. Acto seguido se levantó del columpio, todavía sujetándola, y suavemente, fue soltando sus piernas hasta dejarla otra vez en el suelo. Marta aún rodeaba su cuello.
 
-Gracias- dijo ella tímida.
 
Él simplemente sonrió. Había algo en esa chica que le encantaba, pero no sabía lo qué.


29- No quiero subirme a esa cosa

Las chicas se despidieron sobre las cuatro. Cada una iba a ir a su apartamento/casa/residencia de estudiantes a prepararse para el día siguiente en la Universidad. Ya habían quedado para comer juntas al día siguiente, y decidieron hablar luego un poco por WhatsApp.

Marta llegó a su apartamento y vio a Manu dormido en el sofá. Debía estar agotado por su primer día de entrenamiento. Marta sonrió y subió a su habitación. Se tumbó sobre la cama y empezó a hablar con las chicas. Cada vez se llevaban mejor, y solo se conocían desde el mediodía. Ya hartas de hablar por separado, crearon un grupo para las 7. Carmen lo llamó "Choscas universitarias", lo que hizo que todas rieran.

Sobre las siete de la tarde, Marta decidió preguntarle a Paula qué tal ella en la Universidad. No estarían juntas, pero quería saber qué tal estaba, no quería enfadarse con ella. Pensar en eso le hizo recordar de nuevo...

Habían pasado dos días del sábado. Era lunes al mediodía. La jornada escolar estaba a punto de llegar a su fin. Cuando al fin lo hizo, todos los alumnos abandonaron la clase. Marta miró de reojo a Paula e Iria. No se habían hablado en todo el día. Paula se había puesto del lado de Iria, pensaba que Marta tenía tanta culpa de estar con Julio como él. Marta suspiró y abandonó sola la clase. Al salir del instituto no vio a nadie conocido esperando. Empezó a caminar por la calle mientras iba mirando el iPhone. Llegó hasta la parada del autobús, y sintió algo caerle encima del pie. Levantó la mirada y frente a ella se encontró a Gabriel, el cual la miraba fijamente.

-¿Que pasa?- preguntó Marta confusa.

-Ven conmigo- dijo él.

Marta estaba confundida. ¿Qué narices decía?

-¿A dónde?

-¿No quieres ver a Julio?- preguntó Gabriel encendiendo otro pitillo.

-Eh...- Marta dudó.

-Déjalo, venga, ven conmigo, o te arrastro- dijo guiñándole un ojo.

Marta iba a negarse, pero sabía que Gabriel era capaz de arrastrarla y más, así que obedeció. Caminó a su lado. Siguieron por la calle y luego subieron una cuesta, llegando a una Iglesia, que delante de ella tenía una gran extensión empedrentada. No había nadie. Gabriel fue a sentarse en el muro que rodeaba el lugar, y miró a Marta, dándole a escoger si sentarse a su lado o quedarse ahí de pie. Marta optó por la primera opción y fue a sentarse a su lado.

-¿Tú no vas al instituto o qué?- preguntó Marta de repente.

Gabriel rió irónico y contestó:

-Lo dejé ya hace.

-¿Por qué?

-Julio y yo íbamos en la misma clase, los dos repetimos primero de bachiller, solo que yo lo dejé y él no.

-¿Julio tiene 18?

-19 en noviembre- respondió Gabriel dando una calada al cigarrillo.

Marta asintió. No sabía que Julio fuera dos años mayor que ella, en vez de uno. La vida estaba llena de sorpresas. Al cabo de cinco minutos, Julio apareció junto a Lucas e Iván. Éste abrió los ojos al ver a Marta sentada junto a Gabriel, el cual miró a Julio triunfante. Se acercaron a ellos, y Julio y Marta se miraron. El sábado, tras aquellos besos, Julio acompañó a Marta en silencio, y se despidió de ella con un cálido beso en la mejilla. Julio se sentó en el muro de un salto, junto a Marta.

-¿Qué haces aquí?- susurró él, de modo que solo ella le oyó.

-Me trajo él- respondió Marta, también en un susurro.

Julio sonrió y miró a Gabriel, en señal de aprobación.

-Bueno, yo me voy a comer que tengo un hambre que flipas- dijo Iván.

-Llévame contigo- dijo Gabriel-. Yo también tengo hambre.

-Vale, ¿venís?- preguntó Iván a los demás.

Lucas, como buen amigo, dijo que sí, y tras preguntar a Julio, el cual dijo que no, se marcharon.

-Yo tengo que ir a coger el bus- dijo Marta bajando del muro.

-Tú no vas a coger el bus- dijo Julio agarrándole el brazo.

-Pues como no vuelva a casa volando...- ironizó Marta.

-Te llevo yo.

Marta le miró extrañada. A saber como la iba a llevar él.

-Sígueme- dijo Julio.

Le agarró la mano y tiró de ella bajando la cuesta por la que había subido antes con Gabriel. Al llegar a la calle de la parada giraron a la derecha y se metieron en una callejuela. Allí había una moto negra, del estilo de las famosas Harley Davidson.

-Llegamos- dijo Julio mirando triunfante la moto.

Marta miró la moto y se asustó. Ella le tenía pánico a las motos. A veces veía MotoGP con Manu y veía las brutales caídas que tenían algunos, y les cogió pánico. Julio subió a la moto y le indicó a ella que subiera.

-Es que...- comenzó a decir-, no me gustan las motos... Y fijo que conduces como un animal.

Julio rió, y añadió:

-Sube.- Marta negó con miedo-. Sube o te subo.

-Vale, vale...- dijo. Se sentó detrás de Julio en la moto y se cruzó de brazos-. Pero no me pienso agarrar a ti, porque ya que m...

Julio arrancó el motor, lo que asustó a Marta, e hizo que se agarrara fuerte a Julio. Julio sonrió, y dijo susurrando:

-A la chaqueta no, que si no no puedo conducir.- Se levantó la chaqueta negra, y Marta, dudosa, rodeó el cuerpo de Julio con sus brazos, y éste soltó la chaqueta para agarrarse de nuevo al manillar. Arrancó la moto y comenzó a conducir hacia la casa de Marta.

Ella iba con la cabeza apoyada en su espalda y los ojos fuertemente cerrados. Las motos le daban miedo, pero con Julio se sentía segura. Julio conducía con cuidado y aparcó en la puerta de la casa de Marta. Ella no reaccionó. Seguía pensando en cosas para olvidarse de que iba en una moto.

-A mí también me gusta mucho estar así, pero creo que deberías entrar en casa- le dijo susurrando.

Ella se soltó de golpe y lo miró sonrojada. Él estaba sonriente.

-Esto... Gracias- titubeó ella.

Julio sonrió.

-De nada.

Marta bajó de la moto y se colocó la mochila.

-Adiós- se despidió tímida.

-A la mierda.- Julio salió de la moto y le cogió la cara con ambas manos, pegando sus labios. A Marta, otra vez, la cogió desprevenida. Abrió los ojos como platos, pero decidió seguirle el beso. Cerró los ojos y se relajó. Julio besaba con pasión, como si la necesitara. Introdujo su lengua en la boca de ella y jugó con ella. Mordió su labio inferior y siguió con el juego de lenguas. Tras un par de minutos de besos, se separaron. Julio soltó su cara y añadió:-. Adiós.

Se dio media vuelta, subió a su moto y se fue a toda velocidad, dejándola a ella con la boca ligeramente abierta, mirando como él desaparecía por la carretera.

******

Pablo se encontraba viendo la tele en su casa. Estaba pensando en el entrenamiento. Manu encajaba perfectamente, y se llevaba bien con todos. Era buen chaval. El timbre de su casa interrumpió sus pensamientos. Se levantó a regañadientes y fue a mirar la cámara que daba a la puerta de fuera. Vio esperando a su hermano, Javi. Presionó el botón que abría la puerta y vio a su hermano entrar. Pablo abrió la puerta de la casa y fue a saludar a su hermano.

-Hey Javi, ¿qué haces aquí?

-Mamá dijo que te trajera esto.- Javi sacó de una bolsa de plástico un tapper, en el cual había espaguetis en su interior, los favoritos de Pablo.

-Gracias- dijo Pablo sonriendo-. Venga, pasa.

Los hermanos Hernández entraron en la casa del mayor y se sentaron el sofá.

-Buen partido el de ayer- comentó Javi-. Felicidades.

-Gracias, aunque no os vi- dijo Pablo un poco decepcionado.

-Sabes que no tenemos mucho dinero, y mamá no acepta un solo céntimo tuyo- dijo Javi serio.

-Y me jode bastante. Podía ayudaros, pero bueno, ya sabes que una cabezota.

-Sí, quien vive con ella soy yo eh.

-Ya lo sé, ya lo sé- dijo Pablo-. Cambiemos de tema. Este me deprime.

-A mí igual. He leído que tenéis un compañero nuevo en el Barça.

-De tu edad además- añadió Pablo-. Te lo tengo que presentar. Estoy seguro de que os llevaríais muy bien.

-Cuando tú quieras, yo encantado- dijo Javi.

Los dos hermanos siguieron hablando, hasta que ya se hizo tarde para Javi, que al día siguiente tenía instituto y su madre fijo que se estaba empezando a preguntar cuando volvería. Pablo llevó a Javi hasta su casa y lo dejó allí. No entró con él, y se marchó de nuevo a su casa.

Al llegar sacó su móvil y miró el WhatsApp. Un montón de mensajes. Respondió a los que le interesaban, y se fue a cenar los espaguetis que su hermano le acababa de traer, mientras veía los Deportes en Cataluña TV.

28- Nuevas amistades

Manu se puso unos vaqueros y una sudadera gris de Adidas. Se peinó su pelo rubio hacia arriba y salió de casa. Decidió coger el autobús, el que Clara le había dicho que debía usar. Subió y tras ocho paradas, se bajó, a una manzana de su lugar de entrenamiento, el que el presidente le había dicho. Comenzó a caminar, pero un mensaje de Pablo lo sacó de sus pensamientos.

estas ya? asi te acompaño dentro y evitamos que te pierdas ;)

Manu contestó diciendo que ya casi estaba, y al levantar la cabeza, vio a Pablo mirando para él.

-Hola- se saludaron.

-¿Estás listo para tu primer día?- preguntó Pablo.

-Sí, bueno, nervioso- respondió Manu.

-No te preocupes, enseguida te adaptas- lo tranquilizó Pablo.

-Ojalá- dijo Manu.

Entraron al campo. Pablo le guió el camino a los vestuarios, y al entrar, se encontraron a todos los jugadores allí metidos, hablando. La expectación por el nuevo era grande. Todos se presentaron, y al final Manu acabó conociendo a todos. Solo faltaba Álex por presentarse. Mientras iban saliendo al campo, Pablo paró a Manu, cuando solo quedaron Álex, Pablo y él.

-Bueno, pues eso, Álex Manu, Manu Álex- los presentó.

Álex examinó al nuevo, y con una sonrisa se presentó. Listo, Manu ya conocía al Barça entero, solo faltaba el entrenador.

Salieron al campo, y allí Manu habló con el entrenador y empezó a trabajar con el grupo. La verdad es que Manu encajaba a la perfección con el esquema del equipo, y el entrenador confirmó lo que él mismo pensaba, Manu era lo que necesitaban y andaban buscando.

******
 
Las clases de Marta y Cris llegaron a su fin, y tras despedirse, todo el mundo empezó a abandonar la sala. Las chicas se quedaron recogiendo mientras comentaban las clases de la mañana. El reloj que colgaba de la gran pared marcaba la una y media. Marta pensó que Carmen y Clara debían estar acabando también.
 
-¿Comes en el Campus?- preguntó Marta.
 
-No sé, todavía no me decidí- respondió Cris.
 
-Oye, ¿por qué no te vienes con mis amigas y conmigo?-  propuso la chica de pelo castaño-. Bueno, sabiendo como son ellas, fijo que conocieron a alguien, por lo que con ellas, conmigo, y con todos los que se traigan- rió Marta.
 
-Yo encantada- dijo Cris con una sonrisa.
 
-Pues vamos, a ver si encontramos la cafetería.
 
Las dos chicas salieron de la facultad charlando, en busca de la cafetería.
 
******
 
Clara y Sara también terminaron sus clases a la una y media. Se levantaron comentando las buenas sensaciones que tenían para ese curso. Mientras tanto, se dirigieron a la cafetería, a esperar a las amigas de Clara.
 
Llegando, Clara vio a Marta ir hacia el mismo sitio, acompañada de una chica de ojos azules muy sonriente.
 
-¡Maarta!- la llamó.
 
Marta levantó la cabeza y vio a Clara, acompañada de una chica que no conocía, y la saludó con una sonrisa. Ambas parejas de chicas se acercaron.
 
-¿Que tal todo?- le preguntó Marta.
 
-Genial, por cierto, esta es Sara- presentó Carmen.
 
-Encantada, Sara- dijo Marta-. Yo soy Marta, y ella es Cris- dijo señalando a Cris.
 
-Encantada, Cris- saludó Clara-. Yo soy Clara.
 
Las chicas se miraron y rieron. Entre tanta presentación se hizo todo muy ridículo.
 
-¿Y Carmen?- preguntó Marta.
 
-Estará ya viniendo- respondió Clara.
 
Las chicas empezaron a conversar entre ellas. Marta se dio cuenta de que Sara era una chica muy habladora y simpática. Se le veía segura, y le gustaba. A Clara también le gustó mucho Cris, siempre estaba sonriendo, era muy alegre. Sara, por su parte, estaba contenta de haber hecho tres nuevas amigas, al igual que Cris.
 
Al cabo de unos minutos llegó Carmen.
 
-¡Hola chicas!- saludó. Al ver a dos chicas nuevas, decidió presentarse a sí misma-. Hola, soy Carmen.
 
-Yo Sara.
 
-Yo Cris.
 
Se presentaron y al ver que ya estaban todas. Sara se acordó de María, pero pensó que en cuanto la viera la avisarían y ya iría con ellas. Aparte, esas chicas no parecían de las que juzgaban por el aspecto, aunque eran todas bastante guapas. Se sentía un poco intimidada, no se veía a la altura. Cada una de las chicas cogió una bandeja y se dirigieron a la barra. El plato del día era filete con patatas, porque era el primer día. Se sirvieron y pagaron, y cogieron una mesa al lado de una ventana, por la que se veía el Campus. Comenzaron a comer mientras hablaban. Por turnos, iban contando como habían sido sus clases. Cuando era el turno de Carmen, María entró en la cafetería y fue a coger una bandeja.
 
-Ey, esa chica va en mi clase, la de gafas- dijo.
 
Todas se giraron a mirar.

-Yo la conozco- dijo Sara-. Me estuvo enseñando la ciudad el sábado.

-¿Sí? ¿Le decimos que venga a sentarse?- preguntó Carmen.

-Sí, venga, que la pobre está sola- dijo Cris.

-¿Viene alguien conmigo?- preguntó Carmen.

-Voy yo- se ofreció Sara.

Las dos se levantaron y fueron junto a ella.

-Hola- saludaron.

María se giró agarrando su bandeja.

-Hola- saludó.

-¿Vienes a sentarte con nosotras?- ofreció Sara.

-Claro.

María las acompañó y se sentó junto a las chicas. Tras haberse presentado todas, Carmen siguió contando su día en la facultad, ayudada un poco por María. Cuando ya se habían comido por lo menos la mitad de la comida, una chica de pelo negro entró en la cafetería. Cris levantó la mirada y la vio, y su boca no llegó al suelo de milagro. Marta se fijó y miró en su misma dirección.

-¿Quien es esa chica?- preguntó.

-Ella... Voy a saludarla.- Cris se levantó corriendo de la mesa y corrió junto a la chica-. ¡Elena!

Elena se giró y al ver a Cris yendo hacia ella una sonrisa inundó su cara.

-¡Cris!- Las dos chicas se abrazaron y empezaron a hablar sin parar.

-¿Qué haces tú aquí?- preguntó Cris feliz-. ¡Yo que pensaba que ibas a estudiar a Tarragona!

-Al final decidí venir a Barcelona porque mi hermano me dijo que era lo mejor- respondió igual de feliz Elena-. ¿Y tú que haces aquí? ¿No te ibas a quedar en Girona?

-A mi padre le ofrecieron trabajo aquí, y como tú ya te habías ido decidí venir a estudiar aquí- contó Cris-. ¡Dios, que alegría!

Sentadas desde la mesa, las chicas observaban la escena.

-¿Se conocen?- preguntó Clara.

-Es evidente que sí, tonta- respondió Carmen.

Cris le dijo a Elena que fuera a la mesa con ellas, y ella aceptó. Se presentó a las chicas y aunque no comió nada, se quedó con ellas. Desde el primer momento se llevó bien con ellas, y explicó como era que ella y Cris se conocían. La comida resultó agradable. Al acabar, decidieron dar un paseo por el Campus, mientras intercambiaron números de teléfono, redes sociales...

Fueron a sentarse a un banco al lado de un gran árbol que había en el centro del Campus. Seguían hablando, hasta que a Marta le llegó un mensaje. Era Manu.

-¿Qué tal le fue al futbolista?- preguntó Clara.

-Dice que bien- respondió Marta-. Ya está en casa.

-¿Futbolista?- preguntó Elena.

-Manu Rivas- aclaró Carmen.

-¿Manu Rivas?- preguntó Sara dando un salto-. ¿Es tu hermano?

-Sí- rió Marta-. ¿Por?

-Tía, es guapísimo, y que suerte tienes, un hermano futbolista- dijo Sara.

-Hombre, guapo guapo sí que es- dijo Cris sonriente.

-Y bastante simpático- añadió Clara.

-Tienes que presentárnoslo- dijo Sara feliz.

-Un día venís a mi apartamento y lo conocéis- propuso Marta.

-¡Sí!- dijeron todas al unísono, y todas empezaron a reír.

viernes, 7 de febrero de 2014

27- Barcelona University

El despertador irrumpió el silencio en el ático de los Rivas. Marta lo apagó un poco molesta. Abrió lentamente los ojos y miró la hora. Las ocho. Vale, ya era hora de levantarse. Ese día empezaba la Universidad, cosa que le dio más fuerzas para abandonar su amada cama. Fue al baño y se duchó tranquilamente. Tenía tiempo de sobra. Al salir, envolvió su cuerpo en una toalla y se dirigió de nuevo a su habitación. Allí se vistió con unos vaqueros, una blusa blanca y las Ganso. Volvió al baño y se cepilló el pelo. Decidió no maquillarse. Después de todo, iba a la Universidad. Ya lista, fue a la habitación de Manu y lo despertó.

-¡Manolo, levanta! Hoy es tu primer día de entrenamiento- anunció.

Manu se despertó a regañadientes, pero al darse cuenta de que se levantaba para su primer entrenamiento con su equipo soñado, fue de cabeza a la ducha. Mientras, Marta bajó a desayunar, y mientras desayunaba, le llegó un mensaje de WhatsApp de Carmen.

Hey Marta, cuando estés nos avisas y ya vamos todas juntas a la uni ^^ que nervios!!

Marta rió y contestó al mensaje. Terminó de desayunar cuando Manu bajó ya listo. Marta se despidió de él, y tras desearse suerte el uno al otro, Marta bajó al apartamento de Clara y Carmen.

Las chicas estaban emocionadas. Las tres empezaban una carrera distinta. Cogieron el metro para llegar antes, y mientras iban hablando de lo emocionadas que estaban. Al llegar al Campus, se emocionaron al ver tantos estudiantes de un lado para otro. Al llegar al centro se separaron, se desearon suerte entre ellas, y tras acordar quedar para comer, cada una se fue a su respectiva facultad.

******
 
Cris entró con paso firme en la puerta del Campus.
 
-Cris, ¿segura que no quieres que te acompañe?- preguntó su padre tras ella.
 
-Segura papá- dijo ella segura de si misma-. Adiós, te quiero.
 
Se despidió de él y entró en el Campus. Buscó la facultad de Matemáticas en un panel que había en el centro y fue a paso ligero a ella. Aún faltaban 10 minutos para el comienzo de la clase, pero quería ser la más puntual. Esperaba llegar a la clase y encontrar hombres por todos lados, pero no esperaba encontrar al alguien exactamente igual a ella.
 
******
 
Sara y María se habían encontrado unas manzanas más atrás, y desde allí ya habían ido juntas hasta el Campus. Al llegar sonrieron y entraron. María iba con la cabeza gacha. Tenía miedo de que la juzgaran por su aspecto. Sara, en cambio, iba con la cabeza bien alta, quería demostrar que no era vulnerable, que lo que le decían le entraba por un oído y le salía por otro. Llegaron al centro del Campus y cada una fue a su respectiva clase.
 
-¡Nos vemos!- se despidió Sara.
 
-Adiós.
 
******
 
Elena llegó al Campus cinco minutos antes de que su clase diera comienzo. Agobiada, buscó su Facultad y llegó a la clase por los pelos.
 
<<Menos mal>>, pensó ella. Se sentó en un sitio que pilló libre y vio al rector entrar en el aula. Iba a presentar el curso y la facultad. Comenzó presentándose él mismo, y acabó hablando de lo que era la facultad. Elena lo escuchaba, mientras pensaba que tenía que esforzarse si quería lograr su objetivo.
 
******
 
Marta entró en la clase y cogió asiento en la segunda fila. Le gustaba estar cerca del profesor, pero no tanto como para colocarse en la primera fila. Comenzó a sacar su carpeta y su boli, cuando vio abrirse la puerta y entrar una chica de su edad. La chica iba decidida. Cruzó la clase y puso cara de sorpresa al verla a ella.
 
Cris se sorprendió. ¿Una chica? Y ella que pensaba que iba a ser la única. Pensaba que sería mala idea sentarse junto a ella, pero recordó la promesa que se hizo a sí misma el sábado. Tenía que hacer amigas, y esa chica no parecía mala. Fue hacia ella y se sentó en el sitio libre a su lado.
 
Marta vio que se sentó a su lado. Parecía maja, decidió hablarle.
 
-Hola- saludó con una sonrisa-. Soy Marta, ¿tú?
 
-Hola.- Cris le devolvió la sonrisa-. Yo soy Cristina, pero llámame Cris.
 
-Vale, pues encantada Cris.
 
-Igualmente- respondió Cris-. ¿Sabes? No esperaba encontrar chicas aquí. Tenía algo de miedo de ser la única.
 
Marta sonrió.
 
-Ya ves que no, aunque si te soy sincera yo por un momento llegué a pensar lo mismo.
 
Cris rió. A Marta le gustó su risa, era como muy natural, al igual que ella, y aparte, compartían gustos.
 
-¿Eres de aquí?- preguntó Cris.
 
-No, para nada, soy de una ciudad al norte, no creo que la conozcas- respondió Marta-, ¿y tú?
 
-Yo soy de Girona- respondió-. Me vine a estudiar aquí porque me encanta Barcelona, y la Universidad aquí tiene muy buena fama. ¿Tú por qué te decidiste por Barcelona?
 
-La verdad es que me pilló de rebote- respondió Marta riendo-. Mi hermano es futbolista, y lo llamaron para jugar aquí, en Barcelona, y como es menor, alguien tenía que acompañarlo, y yo ya necesito ser más independiente, así que me decidí por venir.
 
-Está bien eso. Espero que os vaya muy bien a los dos- dijo Cris con una sonrisa.
 
-Igualmente.- Marta sonrió, y justo cuando iba a añadir algo, el profesor entró en la clase y todos los alumnos se callaron para escucharle.
 
******

 
Clara se sentó en un sitio libre a la mitad de la clase. Sacó su carpeta y luego comenzó a mirar a la gente que llenaba la sala. Había chicas y chicos por igual. Al parecer, todos conocían a alguien, ella era la única que no conocía a nadie. Jugó con su boli en las manos, hasta que una voz interrumpió sus pensamientos.
 
-Perdona, ¿este sitio esta libre?
 
Clara levantó la cabeza, y frente a ella se encontró a una chica de pelo negro y ojos marrones, que la miraba expectante.
 
-Claro, siéntate- respondió ella.
 
-Vale, gracias- dijo la chica-. Por cierto, soy Sara.
 
-Encantada, yo soy Clara- respondió Clara con una sonrisa.
 
-Igualmente. Me alegro de haber conocido a alguien, aquí parece que se conocen todos- dijo Sara riendo.
 
-Ya ves, es un poco incómodo ser la única que está sola- le dio la razón Clara.
 
-¿Eres de aquí?- preguntó Sara.
 
-Sí, solo que mi mejor amiga estudia Derecho, y otra amiga estudia Matemáticas- respondió Clara-. ¿Tú? Aunque no lo pareces, la verdad.
 
-Es que no soy de aquí- afirmó Sara-. Soy de Bilbao, me vine porque no sé, necesitaba ser independiente.
 
-Te entiendo. Yo vivo con mi mejor amiga y no sabes lo que me costó- dijo Clara.
 
-Pues tienes bastante suerte de vivir con ella. Yo estoy en una residencia de estudiantes.
 
-Pero eso está bien, ¿no? ¿No hay fiestas y cosas así?- preguntó Clara.
 
-Sí, pero da bastante corte ir tú sola- rió Sara-. Aún llegué hace un par de días, así que no conozco a nadie.
 
-Puedo presentarte a mis amigas y así ya vas conociendo. Aparte, si te gustan los chicos guapos una de ellas te puede ayudar- rió Clara.
 
-Joder, me encantaría- rió-. ¿Coméis en el Campus?
 
-Sí, vente te llevarás bien con ellas- la animó Clara.
 
-Pues yo encantada- dijo Sara sonriendo.
 
Su conversación no dio para más, porque el profesor entró en el aula, interrumpiendo las conversaciones de todos los presentes.
 
******
 
Carmen entró en la clase. Recorrió el sitio con la mirada y al ver un sitio libre junto a una pelirroja, fue hacia allí.
 
-Hola, soy Carmen- saludó ella con una sonrisa.
 
-Hola- saludó seca la chica.
 
-¿Qué tal?- preguntó Carmen intentando ser simpática. 
 
La pelirroja le dirigió una mirada de asco y respondió con un simple "bien". Carmen decidió no seguir con aquella conversación, esa chica era una borde. Giró la cabeza y contempló la sala. Por la puerta vio entrar a una chica de pelo negro y gafas de pasta, con algunos granitos por la cara.
 
<<Hombre, guapa, guapa, no es>>, pensó Carmen.
 
La chica entró insegura y cogió sitio en las primeras filas. Carmen se fijó en que la pelirroja la miró con cara de asco, tal y como la había mirado a ella.
 
<<Que tía más arrogante>>, pensó, <<es fea, pero no parece mala persona, no como esta>>.
 
Carmen se levantó de su sitio y fue a sentarse junto a la chica de gafas.
 
-Hola- saludó sonriente, y se sentó junto a ella.
 
-Ho-hola- saludó tímida la chica.
 
-Soy Carmen, encantada.
 
-Yo... María, igualmente.
 
El profesor entró, y Carmen y María se pusieron en disposición de clase, dispuestas a empezar bien su primer día de Universidad.


26- Más bonita que ninguna

Marta se encontraba en su habitación, tumbada sobre la cama, ya con el pijama puesto. No había mirado el móvil desde que llegó a casa, y poca falta le hacía. Había pasado sin cenar, ya que no tenía nada de hambre. Su madre se extrañó, pero al verla así decidió no preguntar. Suspiró, y decidió ser fuerte. Cogió su teléfono y vio ocho llamadas perdidas (cuatro de Paula, dos de Nuria y dos de Isa), 234 mensajes de 6 conversaciones y varias menciones de Twitter.

<<Estoy cagada>>, pensó ella.

Fue a ver los mensajes. Eran de sus amigas, entre ellas Iria, y el grupo que compartían las 6. Paula le preguntaba qué tal estaba, y que le había dicho a Julio, y que ella tenía razón y blablablá. Nuria, Alicia e Isa le preguntaban, y en el medio había algún insulto, e Iria la insultaba, la llamaba falsa, tanto por privado como por el grupo. Eso le bajó un poco la moral a Marta, que, entre lágrimas, se fue a dormir.

Al día siguiente por la tarde, mientras Marta se preparaba, Manu intentó hablar con ella, pero Marta simplemente evitaba sus preguntas. A las cinco recibió un mensaje de Julio que decía que estaba en la calle de al lado. Ella le dijo que la esperara ahí, y tras despedirse de sus padres, contándoles que había quedado con sus amigas, salió a la calle en busca de Julio. Al llegar junto a él, éste sonrió. Hoy, como siempre, iba guapísima. Llevaba unos pantalones claros y la misma blusa que llevaba el día que él habló con ella por primera vez.

-Estás muy bien- le dijo.

-Gracias- dijo ella sonriente.

-¿Quieres bajar al centro y te tomas un helado? Te ayudan a animarte- propuso Julio.

-La verdad es que me apetece, aunque no sé... Van a estar ellas y...

-¿Cómo lo sabes?

-Ayer me acosaron a mensajes y llamadas, y en el grupo Iria me puso verde y dijo que quedaran, sin mí- respondió Marta.

-Necesitas más autoridad con ellas- dijo Julio-. Dile tú algo a ella, no tiene ningún derecho a rajar de ti.

-Ya, pero bueno...

-Y si las ves da igual, estás conmigo, no te van a decir nada- la convenció Julio.

-Está bien, vamos al centro- dijo Marta.

Julio sonrió y empezaron a caminar. Durante el camino, Marta le iba contando a Julio los mensajes que sus "amigas" le mandaban. Era raro, Marta se lo contaba a Julio, y sin embargo a Manu no, al cual le contaba casi todo. En el centro no había mucha gente, y los dos se dirigieron al llaollao.

-¿Y tus amigos que?- preguntó Marta.

-Pues quedaron con chicas, y el resto, bueno, ya te lo imaginas.- Julio esbozó una sonrisa burlona, y se puso a la cola junto a Marta.

Marta sabía perfectamente a que se refería. Cuando llegó su turno, Julio pidió un helado de chocolate con Lacasitos por encima. Marta miró entre lo que había en el mostrador. Se decidió por uno natural con chocolate y fresas. Los dos salieron, y empezaron a vagar por las calles. Al acabar, se sentaron en un banco, cerca de la alameda. Estaban en silencio, hasta que Marta lo rompió con una pregunta que Julio no se esperaba para nada.

-¿Lo de ponerle los cuernos a Iria fue aposta o surgió?

Julio la miró. Ella lo miraba a él. Julio dudó un momento qué responder, pero al final decidió decir la verdad.

-Fue aposta.

-¿Por qué?

-Iria es aburrida. Era todo el tiempo lo mismo- respondió Julio.

-Ya, nosotras con ella siempre hacemos lo mismo, y la verdad es que hay días que te apetece cambiar- dijo Marta.

-¿Qué soléis hacer?- preguntó Julio.

-Pues compras, y luego vamos a tomar un helado a la alameda, y allí siempre nos encontramos a alguien- respondió Marta.

Julio miró el reloj, y luego le dijo a Marta:

-Vamos a la alameda, que sepan que no te afecta.

Marta lo miró y dudó. Dudó bastante. No quería que sus amigas la vieran, y menos con Julio. Podía ocasionarle nuevos problemas.

-Te repito, que te tiene que importar una mierda lo que piensen- dijo Julio.

Eso ayudó a convencer a Marta. Los dos se levantaron y se dirigieron a la alameda. Marta no estaba muy segura de eso, pero sabía que Julio la acabaría arrastrando. Llegaron. Por suerte, Marta no vio a nadie. Julio y ella se apoyaron sobre una barra que separaba un estanque y el parque. Julio paseó su mirada por el sitio, hasta que, un poco escondidos entre los árboles, vio los ojos de Iria que los miraban fijamente. Julio sonrió divertido. Esperaba pasárselo bien. Miró a Marta, que a su vez miraba hacia otro lado, y le dio un golpecito en el brazo, haciendo que ella se girara.

-No mires, pero nos están mirando.

-¿Dónde?

-Arriba, si eso mira disimuladamente.

Marta paseó su mirada por donde Julio le dijo y vio los ojos marrones de Iria, que la miraban asesinos.

-Que bien me mira- ironizó.

-Ya ves tú que amiga tienes- dijo Julio.

-La conozco, y va a venir aquí, a ver por qué estoy en la calle, que soy una falsa y esas cosas.

-Yo sé que tú no eres una falsa- dijo Julio sin pensar.

Marta sonrió un poco, apenas se notó, y Julio desvió su mirada al suelo.

Lo que dijo Marta se cumplió. Al minuto, Iria ya bajaba acompañada de Nuria en dirección a ellos.

-Prepárate- dijo Julio en voz baja-. La que nos va a caer.

Marta iba a darle la razón, pero no tuvo tiempo, porque Iria ya estaba delante de ellos.

-¿Pero a ti no te llegó con lo de ayer que ahora estás aquí?- le dijo Iria a Marta enfadada-. Menuda amiga.

-Hablas tú de amigas- intervino Julio. En una discusión, no era capaz de callarse y quedarse al margen, tenía que participar, y ganar.

-Tú cállate-intervino Nuria-. No va contigo.

-¿Y tú quien eres?- preguntó despectivo Julio.

Nuria iba a contestar, pero Iria se adelantó:

-Se llama Nuria, y tú no tienes derecho a hablar así a nadie.

-Tengo derecho a hablar como me salga de los huevos y...

-¡Parad!- interrumpió Marta. Todos la miraron-. Parecéis niños pequeños, en serio. A ver Iria, si tan puta soy y tan cabrón es él, ¿a ti que te importa que estemos aquí? No te afecta en absoluto.

Iria iba a responder, pero se quedó sin ideas para replicar aquello, dijera lo que dijera, no quedaría bien, así que se limitó a mirarlos mal a los dos y a decir:

-Que sepas que tú y yo no volveremos a ser amigas. Nunca.

-De lo que se libra- comentó Julio burlón.

-¡Calla gilipollas!- Y dicho esto, Iria se giró y tiró de Nuria hacia ella, yéndose las dos de nuevo con el resto de sus amigas.

-Dijiste que no vendrían- dijo Marta.

Julio se encogió de hombros y sonrió. Sabía que los estaban mirando, y le hacía gracia. Siempre le gustaba ver como sus ex lo observaban cada vez que se las encontraba.

Julio y Marta pasaron un rato hablando. Marta le contaba a Julio todo lo que Iria decía de él, ya que éste preguntaba, y viceversa. La conversación dio para rato. Julio y Marta vieron a Iria marcharse, seguida de todas sus amigas, sabe Dios donde, sin saber si reír o no. Iba estirada, prácticamente mirando al cielo, con cara de indignada total. A Julio le hizo gracia y se río, contagiando a Marta.

-Que puta pringada.

Marta sonrió ante el comentario. Estaba claro que Julio sí decía lo que pensaba. Las chicas se marcharon, y ya habían dado las ocho de la tarde. Julio se colocó el pelo con un movimiento de pelo y dijo:

-¿Nos movemos?

-Claro.

Julio y ella comenzaron a caminar.

-¿Donde quieres ir?- preguntó Julio.

-Me da igual, aunque a un sitio no muy frío, que empieza a hacer frío.

Julio la miró mientras caminaban. Marta era muy guapa. Desde el primer momento en que la vio lo pensó. Durante ese tiempo se dio cuenta de que era inocente, pero tenía una mala leche que no podía con ella. Sintió ternura hacia ella. No era como las demás. Todas caían a sus pies nada más verlo, y hacían todo lo que él decía, pero ella no. Ella le contradecía y lo insultaba. Y ahora estaba con él, caminando sabe Dios a donde. Ahora que lo pensaba, era afortunado. Ella seguramente tenía a más de uno detrás, y alguno no sería precisamente feo.

Caminando llegaron a un mirador que había subiendo una colina tras un parque. Desde allí se veían los tejados de las casas, y la preciosa puesta de sol. Decidieron quedarse allí. Se sentaron y contemplaron la vista. Julio volvió a mirar a Marta. La luz del sol hacía sus ojos aún más verdes, lo que la hacían a ella más guapa todavía. Incluso su pelo parecía más rubio. Sus hombros estaban separados a pocos centímetros, distancia que él, disimuladamente, redujo. Ella pensaba en lo bonito que era todo, e iba a decirlo. Giró su cabeza hacia él para decírselo.

-¿No crees que esto es pre...?

No pudo terminar la frase. Julio acababa de chocar sus labios con los suyos. Ella estaba sorprendida, pero le siguió el beso. Era un beso apasionado, como si se necesitasen el uno al otro. Ella entreabrió un poco la boca, por donde él coló su lengua. Ambos empezaron un juego de lenguas, mientras la barriga de ambos se llenaba de mariposas. El beso duró unos dos minutos, y cuando se separaron, sus ojos verdes y sus ojos azules conectaron.

-Más bonita que ninguna...- susurró él

Ella solo sonrió sin enseñar los dientes. Le brillaban los ojos. Con la luz del sol dándole por su perfil derecho estaba más bonita que nunca, más bonita que ninguna... Y los dos volvieron a juntar sus labios, mientras el sol desaparecía por el horizonte.

******

Eran las doce de la noche. Pablo se iba a ir a dormir, ya que el día había sido agotador. Estaba con su pantalón de cuadros, sin camiseta. Siempre dormía así, la camiseta le resultaba incómoda. Se metió en la cama, y cerró los ojos. Las imágenes de ese día se paseaban por su cabeza, pero la que más veces se repetía, la de ella aplaudiendo con una sonrisa su gol...