miércoles, 9 de abril de 2014

37- Me pasas tú

¿Lo entendiste? Seguro que sí, te veo pronto ;)

Domingo a las dos y media. Las chicas se comían una hamburguesa en el McDonalds. Ayer, tras haber visto el partido, en el que el Barça ganó 0-1, se quedaron hablando hasta las tantas. Marta acababa de recibir el mensaje, que, a pesar de que intentó esconderlo, Sara lo vio.

-A ver, a ver- dijo metiendo la cabeza-. Ese te está metiendo fichitas, pero bien.

Marta suspiró. Sí, esperaba verlo pronto.

-Que va- le quitó importancia.

-Marta, no la cagues con ese chico, te lo prohíbo- dijo Carmen-. Es bastante majo, y guapo, y...

-Lo entendí, gracias- rió Marta.

Otro silbido. Esta vez el mensaje era de Manu.

estoy allí a las tres. me lleva Pablo.

-Este tío me persigue.

-¿Lo vas a ver?- preguntó Elena contenta.

-Si me doy prisa sí. En media hora llega- respondió Marta-. Me voy.

-¿Sabrás llegar?- preguntó Clara-. Como él dijo, eres apta a perderte.

-No creo, ve diciéndome por teléfono, porfa- pidió Marta.

-Vale, llámame.

Marta la llamó y le dio dos besos a cada una de sus amigas, y salió corriendo del local.

-¿Que ves? Bien, ve a la derecha, ahora a la izquierda y sigue resto por esa avenida. ¿Ves una floristería? Pues gira a la derecha en esa esquina. Sigue resto, gira a la izquierda, y ya ves el edificio. Adiós, suerte.

Marta colgó y entró a su apartamento. Al llegar subió al baño a mirarse al espejo. Sí, estaba bien. Bajó al salón y miró la hora. Las cuatro y dos. Debe estar por llegar. Escuchó la llave girar en la cerradura y vio a su hermano entrar. Solo.

-¡Hola!- saludó Manu alegre-. ¿Qué tal?

-Hola, ¿vienes solo?- preguntó Marta ligeramente decepcionada.

-Sí, bueno, me trajo Pablo- respondió Manu-. Estoy agotado.

-Pues descansa- respondió Marta con una sonrisa.

Un nuevo mensaje llegó al móvil de Marta.

Baja anda.

Marta sonrió. Era Pablo.

-Manu, tengo que bajar un momento al apartamento de Clara y Carmen- mintió-. Vuelvo ahora.

Manu asintió y Marta salió rápidamente del apartamento. No quería esperar el ascensor, por lo que bajó corriendo las escaleras. Al salir sonrió al ver a Pablo sonriente, al lado de un coche que daba envidia..

-Mira que tardas- se burló él-. ¿Te perdiste también por las escaleras?

-Que te den- respondió Marta con una pequeña sonrisa.

-¿Viste ayer el partido?- preguntó Pablo acercándose.

-Sí- respondió Marta. Otra vez los malditos nervios no.

-¿Entero?- Pablo se acercaba cada vez más a ella.

-Sí.

-Entonces me viste.

-Sí.

-¿No sabes decir más cosas?

-Sí.

Pablo arqueó la ceja divertido.

-Menos mal, porque aparentarlo, no lo aparentas.

-Cállate tonto- le dijo ella.

Pablo sonrió. Ya estaba justo delante ella.

-Espero que te gustara el gol- susurró.

-No estuvo mal- respondió ella, con una sonrisilla.

-Le faltó algo- dijo Pablo.

-¿El que?

-Esto.

Pablo colocó sus manos en las mejillas de ella y se acercó a ella. Juntaron sus labios. Marta, sorprendida, abrió los ojos como platos, y luego se relajó y se dejó llevar. La verdad era que Pablo era increíble. Todo lo hacía bien. No le extrañaba que fuera uno de los famosos más deseados no solo de España, sino del mundo, y allí estaba, besándola a ella. Pablo repartía cortos pero suaves besos por sus labios, mientras la agarraba de la cintura. Marta tenía sus manos sobre sus hombros. Si es que aparte de guapo tenía un tipazo...

Pablo se separó suavemente de ella y le sonrió a escasos centímetros de su boca:

-Eres preciosa, pequeña.

Marta se sonrojó y esbozó una pequeña sonrisa.

-Para que luego digas que soy tonto- añadió Pablo.

-Es que lo eres.

Pablo sonrió. Arj, deja de ser tan guapo, joder.

-Me tengo que ir- dijo-. Adiós.

Depositó un suave beso en su mejilla y le guiñó el ojo de nuevo, para marcharse en su coche, camino a casa, dejándola a ella ahí, asimilando lo perfecto que lo hacía Pablo todo.

******
-¿Dónde quieres ir?- preguntó Julio, que caminaba al lado de Marta por el centro de la ciudad.
-Yo de tiendas, pero no creo que te apetezca- respondió Marta.
-Vamos a acabar haciendo lo que me de la gana, ya lo sabes- dijo Julio.
-Lo sé.
Julio miró hacia delante, pensando posibilidades, y arrugó la nariz, poniendo una mueca de asco.
-¿Que pasa?- preguntó Marta al ver el gesto.
-Esa tía trabaja con mi madre- dijo señalando a una mujer de unos cincuenta años-. Me tiene más asco que a su marido.
Marta miró bien a la mujer, no podía ser...
-¡Esa es amiga de mi madre!- exclamó-. A mí tampoco es que me caiga muy bien. Se mete en todo.
-Pues que no nos vea- dijo Julio apartando la mirada.
-Ya es tarde. Acaba de mirar hacia aquí, con cara de asco- informó Marta.
-Ya te dije yo que me tenía asco...- dijo Julio.
Los dos siguieron caminando sin darle importancia a eso, hasta llegar a la famosa alameda. Había mucha gente, lo normal un sábado de casi-verano. Julio repasó todo con la mirada. No le gustaba lo que veía.
-Esto está lleno de gente que no me gusta- dijo con asco-. Vámonos.
-Pues ya hemos recorrido todo- dijo Marta.
-Hombre, hay sitios de sobra, lo que pasa es que no creo que te gusten mucho.
-Lo pillo- dijo Marta-. ¿Qué propones?
-Vamos a mi casa- dijo Julio pícaro.
Marta se sonrojó ligeramente. Vale, a ella le gustaba Julio, pero no lo quería, y aparte ella era virgen, no.
-Quieto fiera, propón otra cosa- dijo ella nerviosa.
Julio rió.
-Venga, vamos- le agarró la muñeca y caminaron, hasta llegar a aquel parque donde semanas atrás, se habían besado por primera vez.

-No andaremos más, ¿no?

-Eres una vaga- dijo Julio.

-Ya lo sé.

Marta se sentó en el muro, justo donde se había sentado Julio la otra vez. Julio la imitó, sentándose a su lado.

 -¿Tenías ganas de verme?- preguntó la chica.

Julio no contestó. Así que sí se había dado cuenta. Mierda.

-¿Qué dices?- intentó retrasar su respuesta.

-Me oíste bien.

-No- respondió Julio-. O sea, no te oí, no que no tenía ganas de verte...

-Eso es que me escuchaste- dijo Marta sonriendo.

Vaya situación en la que se había metido Julio.

-Bueno, déjalo ya- zanjó.

Marta aguantó la risa. Julio intentaba no hacer notar que se había sonrojado un poco. Quiso devolverle la jugada. Un poco más hacia delante vio una fuente, que era capaz de cubrirlos hasta la cadera. El agua estaba limpia, así que no había problema. Una sonrisilla se dibujó en su boca.

-Tú ríete, que ya verás- dijo Julio.

-Me gustaría verlo.

-Si tan segura estás...- Julio bajó de un salto del muro y se puso frente a ella.

-¿Que vas a hacer?- preguntó Marta, pensando en lo que Julio podía hacerle.

Julio sonrió burlón y le puso las manos en la cintura. Tiró de ella hacia él y la cargó sobre sus hombros.

-¡Julio!- exclamó Marta-. ¿Que vas a hacer? ¡Bájame!

-Tú dijiste que querías verlo- se burló Julio. Notó su móvil en el bolsillo trasero del pantalón, y se lo sacó, mentiéndoselo en el bolsillo de la chaqueta.

-¡Eh, dámelo!

-Luego me darás las gracias.

Marta forcejeaba para librarse de Julio, y al llegar al borde de la fuente, Julio la bajó de sus hombros, y Marta rodeó con las piernas a Julio, en contra de su voluntad. O se agarraba a Julio o se caía a la fuente.

-No serás capaz de tirarme- dijo Marta, agarrándose fuerte a su cuello.

-Sabes que sí- sonrió Julio.

-Si me metes ahí vas tú conmigo- advirtió Marta.

-Buena suerte- dijo Julio con una sonrisa burlona, y la dejó caer al agua.

Marta gritó y sacó la cabeza del agua.

-¡Me cago en tus muertos!- gritó-. ¡Mira como estoy!

-Se te pega la blusa al cuerpo- observó Julio, mordiéndose el labio inferior.

-¡Deja de mirar eso! 

-¿Tú te viste?- susurró. Dio la impresión de que no había querido decir eso en alto.

Marta se sonrojó. Parecía un tomate.

-Ayúdame a salir, ya que estás.

Julio, burlón, le tendió la mano, y la ayudó a salir. Marta se escurrió el pelo y se lo puso más o menos decente.

-Yo te mato, es que juro que te mato- dijo.

-Cuando quieras.

-Calla. ¿Y ahora que? ¿Voy así?- preguntó mirándose.

Julio sonrió ligeramente.

-Yo creo que así estás genial.

-Si se me marca todo- se quejó ella.

-Pues por eso- dijo Julio pícaro.

-Eres un cerdo.

-Eso ya- le sonrió. Marta lo fulminó con la mirada-. Anda, toma.

Julio se sacó su característica chaqueta de cuero negra y se la tendió. Marta estaba sorprendida. Nunca había oído que Julio hubiera dejado su querida chaqueta. La cogió, dudando.

-¿No te la mojaré?- preguntó.

-Da igual, estás empapada y deberías ponerte algo seco.

Marta asintió débilmente y se la puso. Se sacudió el pelo fuera de la chaqueta. Sintió el olor de Julio envolverla. Era una sensación agradable. 

Julio sonrió, le gustaba verla con su chaqueta, estaba preciosa.

-Te queda bien y todo- dijo Julio.

-Em... Gracias- dijo ella, con una débil sonrisa.

Estaban frente a frente, Julio con las manos en los bolsillos de su pantalón negro, y Marta tocándose las puntas.

-Bueno, pues...- empezó Marta-, te mato por tirarme, pero gracias por la chaqueta y...

-Joder- dijo Julio en alto.

-¿Que te pasa?- preguntó Marta extrañada.

-Tú- respondió Julio-, tú me pasas.

-¿Cómo...?

Julio bufó y se sacó las manos de los bolsillos. Como la otra vez, agarró su cara y juntó sus labios. La necesitaba, necesitaba más de ella. No podía aguantarlo más.

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