lunes, 3 de marzo de 2014

35- Sshh...

El jueves y el viernes transcurrieron con normalidad. Las clases de las chicas fueron como siempre, mientras ellas se dedicaban a organizar el fin de semana. Contaban con el apartamento libre desde el sábado al mediodía hasta el domingo por la tarde. Los chicos se preparaban para el partido del sábado con normalidad, no había nervios o temor ante el equipo rival. Así, llegó el sábado por la mañana. Los chicos habían decidido ir juntos al aeropuerto, donde a las dos cogerían un avión a Sevilla. Marta se paseaba por su apartamento tranquilamente, ya vestida, mientras hablaba por WhatsApp de sus planes para aquel día. Se había puesto unos shorts vaqueros y una blusa rosita sin mangas, muy bonita, ya que todavía hacía mucho calor. El verano aún no se había ido. Manu estaba en la ducha, preparándose para el partido. De repente, llamaron al timbre. Marta se levantó a abrir, y mariposas asaltaron su estómago al ver a Pablo allí, tranquilamente, mirando su teléfono, tan guapo como siempre. Marta le abrió sin decir una palabra y él entró. A los dos minutos, escuchó el timbre de nuevo. Respiró hondo y fue a abrir la puerta. Pablo sonrió al verla. Maldito guapo.

-Hombre, hola- saludó-. ¿Está tu hermano?

-Está acabando de ducharse- respondió Marta nerviosa-, pasa y lo esperas en el sofá.

Pablo sonrió y entró al apartamento. Estaba bien, le gustaba. Fue al sofá junto a Marta y se sentó a su lado. La miró y sonrió. Ella simplemente pensaba en qué tema sacar.

-Veo que no te volviste a perder- dijo Pablo burlón.

-Bueno, iba acompañada, sino me perdería- respondió Marta.

-Te voy a comprar un mapa eh- se burló Pablo-. Me da que lo vas a necesitar.

-Los mapas no se me dan muy bien.

-Ya me imagino- rió Pablo.

-Calla tonto- dijo Marta aguantando la sonrisa tonta.

Pablo sonrió. Estaban hombro con hombro. Era más preciosa de cerca. Marta levantó la cabeza y su mirada chocó con la de Pablo. Él y su estúpida y preciosa sonrisa.

-Y aunque no te hayas perdido, ¿no has tenido ganas de verme?- dijo Pablo bajando la voz.

-Eh...- Marta dudó. ¡Vaya sí tuvo ganas! Pablo no era como Julio, que te lo encontrabas hasta debajo de las piedras, pero ojalá fuera así.

-Me tomaré eso como un sí- dijo Pablo. Mierda, su sonrisa a escasos centímetros de ella. No podía aguantarlo.

-¿Y...- tragó saliva-, que te hace pensar eso?

-La forma en la que tartamudeas...- Otra vez no-. Te delata, ¿sabes?

-Yo no...

-Sshh...

Pablo redujo la distancia a cero. otra vez la estaba besando. Y joder, como le gustaba. Pablo besaba suavemente. Cortos pero dulces besos. Marta no pudo evitar pensar a cuantas más había besado. Que más daba, ahora mismo la estaba besando a ella, no a otra. Un crujido hizo que Marta se separara de golpe de Pablo. Manu estaba bajando las escaleras. Por suerte, no vio nada. Pablo sonrió al ver a Marta.

-Hola, ¿cuándo llegaste?- preguntó Manu al ver a Pablo.

-Hace nada, no te preocupes, ¿vamos?- respondió el catalán.

-Claro.- Manu cogió sus cosas y  su chaqueta-. Adiós Marta.

Marta le devolvió la despedida mientras Pablo se levantaba del sofá.

-Hasta pronto- le dijo con una sonrisa burlona, y junto a Manu, se marcharon, cerrando la puerta tras ellos. Marta dejó escapar un fuerte suspiro. Puto Pablo.

******
 
-Clara, yo creo que con mensajes diciendo que te desbloquee, cuando ni siquiera se los puedes mandar, pierdes el tiempo- dijo Carmen mientras se comía una pera.
 
-Me desahogo- respondió Clara enfurruñada mientras tecleaba rápidamente insultos en inglés-. Aparte, ya podías enviárselos tú por mí.
 
-¿Y que me bloquee a mí? ¡Ni de coña! Para que vaya su mejor amigo a insultarme, con lo bueno que está, búscate a otra- dijo Carmen.
 
-Pues ya le pediré hoy a alguna que me eche una mano. Egoísta- dijo Clara echándole la lengua.
 
Carmen aguantó la risa. Si es que lo suyo con Marc Adams era obsesión de las puras.
 
******
 
-Sí, mamá, las clases están yendo genial... Sí, ya tengo amigas, de hecho quedamos hoy... Ya tengo un calendario de estudios, y sé cuando tengo que estudiar... ¡Todas estas tardes he estudiado!... ¡Que no soy una niña!
 
Sara se desesperaba con su madre. Que pesada por favor. Todo el día diciéndole lo que tenía que hacer. ¡Pues no! Ahora ella estaba en Barcelona, lejos de ella, y era completamente independiente. Esa tarde quedaría, ya llevaba estudiando todas las tardes y no pensaba malgastar su sábado en eso, sobre todo teniendo los planes que tenía.
 
******
 
 Última calada y pitillo terminado. Lo tiró al suelo y lo pisó. Era el tercero que se fumaba hoy, y tan solo era la una. Ay si ella lo viera en este momento, que bronca le echaría...
 
-Manu, me debes una.- Marta caminaba sola por las calles de su ciudad mientras hablaba por teléfono con su hermano.
 
-Lo sé, lo sé, pero porfa, cómprame los tenis- pidió Manu al otro lado de la línea.
 
-Vale, vale, pero qué vergüenza, ir a comprar yo sola unos tenis de tío un sábado...- se quejó Marta.
 
-Ya te pagaré esta, venga, me tengo que ir, adiós- se despidió, y colgó, antes de que Marta pudiera quejarse de nuevo.
 
<<Genial. Gracias Manolo>>.
 
Marta siguió caminando, y sus pensamientos fueron a parar a la noche anterior. Julio la había llevado a regañadientes a casa, y al llegar allí, apenas la dejó marchar. La había vuelto a besar, y como le gustaba que la besara así. Al final se marchó, y no volvió a saber nada de él.
 
Marta llegó a la calle donde se encontraban las mejores tiendas. Fue a la de calzado deportivo y entró. Y oh no, allí estaba Iván acompañado de Eloy, y si ellos estaban allí, seguro que Julio andaba cerca. No podía irse, ellos ya la habían visto, y con una sonrisilla, escribieron un mensaje rápidamente. Marta los ignoró y se dirigió al mostrador. Preguntó por las zapatillas que quería su hermano y les dijo el número. En seguida se las dieron y pagó. Salió de la tienda ignorando a los dos chicos y decidió ir a mirar algo de ropa. Antes de entrar a las tiendas se aseguró de que Iria y las demás no andaban por allí. Cuando iba a entrar a Zara, alguien le agarró de la muñeca y tiró de ella hacia atrás haciendo que se girara. Otra vez esos ojos azules tan bonitos.
 
-Hola- saludó él con una sonrisa.
 
-Eh... Hola- saludó ella.
 
-Pensé que no ibas a bajar.
 
-Mi hermano me pidió que le comprara unas zapatillas.
 
-¿Entonces ahora estás libre?
 
-Eh... Sí.
 
-Genial, vamos- dijo Julio.
 
-¿A dónde?
 
-No lo sé- respondió Julio sonriente.
 
-¿Entonces?
 
-Entonces nada, estás conmigo y ya, tenía ganas de verte, ayer fue increíble- dijo Julio clavando sus ojos azules en ella.
 
Marta se puso roja como un tomate.
 
-Yo... Yo también tenía ganas de verte.
 
Julio sonrió. ¿Pero que coño le hacía esa chica? ¡Él nunca tenía ganas de ver a nadie! Dijo lo primero que le salió del alma, y en ese momento, lo que más quería era estar con ella.

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